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martes, 1 de septiembre de 2020

REFLEXIÓN FILOSÓFICA: La utilidad de la filosofía.

 ¿Cuál es la utilidad de la Filosofía?

“Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa.” Apoyo esta frase de Deleuze, pues uno de los principales objetivos de la Filosofía es conocer con verdad la realidad, usando la razón, y alejándonos así de la estupidez.

La Filosofía es la llave a la puerta de la verdad. Gracias a ella, podemos desenmascarar las mentiras, y así abrir esa puerta. Porque si somos filósofos no nos creeremos lo primero que nos digan, no lo asumiremos sin más. Nos cuestionaremos lo que los demás creen e incluso lo que pensamos nosotros mismos. No nos embaucarán, porque nuestra mirada irá más allá y no nos conformaremos. Haremos preguntas, y pediremos argumentos. Apartaremos la capa de maquillaje que cubre las cosas, y lograremos ver la realidad.

La Filosofía no conoce regla alguna, no está sometida a nada, sino que es libre y nosotros nos servimos de ella para usar la razón con libertad. Y el pensamiento nos hace libres.

Asimismo, la Filosofía nos ayuda a crecer como personas, haciéndonos pensar y apartar de nosotros los prejuicios filosóficos extendidos universalmente. A ver si nos deshacemos de ellos y de la amoralidad. No solo se trata de llenar nuestra mente con un montón de conocimiento, sino de llenarnos por dentro, invadir nuestro ser.

Entonces, estoy de parte de Deleuze cuando habla de dar una respuesta agresiva. Por favor, que no digan que la Filosofía no sirve para nada. Hoy en día, una manera de darse cuenta de que vivimos en una sociedad muy superficial es escuchar a la gente preguntar con desdén para qué sirve la filosofía, gritando con la mirada que no sirve para nada. Veamos, yo diría que son seres simples, porque si se hubieran parado a reflexionar un poco, se darían cuenta de todo lo que la filosofía hace por nosotros, si nosotros nos dejamos hacer, si nos hacemos un poco menos perezosos para razonar y si sentimos el significado de ese “Sapere aude!” que nos ha dejado lanzado Kant. ¿Cómo que la filosofía no tiene utilidad, si engloba todas las inquietudes de todos los saberes juntos? Y lo irónico, es que a esas personas que acabo de calificar como superficiales, llegue un día en el que las embargarán unas cuantas dudas y quizá por unos minutos sean filósofos sin siquiera pretenderlo.

Que lean esto, y luego me digan, que la Filosofía no es útil.

LITERATURA 1º BACH. RESÚMENES PRIMEROS CANTOS DE LA DIVINA COMEDIA.

 Esther Serrano Franco, 1º Bach. B.

RESÚMENES “Divina comedia”

CANTO I

Dante se ha perdido en una selva oscura. Entonces, llega al pie de una colina y descansa un poco. Al animarse a subirla, una pantera obstaculiza su camino. Cuando amanece, ve también un amenazante león (símbolo de la soberbia) y una loba (siendo una alegoría de la codicia, Dante da a entender que ha sido codicioso al decir que la loba le ha causado múltiples perjuicios). En el momento en el que la loba se acerca peligrosamente a Dante, aparece el poeta romano Virgilio, ante el cual el protagonista muestra su admiración, pidiéndole a su vez que le salve de la loba. Virgilio se ofrece a ayudarlo y sacarlo de ahí, para lo que tendrá que ser su guía a lo largo del Infierno.

CANTO II

Dante expresa su temor al viaje, pues no es un héroe como Eneas. A continuación, Virgilio le cuenta cómo la hermosa dama Beatriz le suplicó que lo ayudara. Beatriz y el poeta mantuvieron una conversación en la que la dama explica que no teme el Infierno porque Dios y la Virgen María la protegen. A Dante lo llenó de valentía y decisión para avanzar escuchar cómo Beatriz buscaba su ayuda y cómo Virgilio no dudó en socorrerlo.

CANTO III

Virgilio envalentona a Dante y entran en el Infierno, donde gritos y llantos forman un aire oscuro. El poeta le cuenta a Dante que están escuchando a las almas tristes de quienes pasaron desapercibidos y a ángeles que solo fueron fieles a ellos mismos. Todos ellos se sienten olvidados y despreciados. “Mira y pasa”-le dice Virgilio. Tenían el rostro manchado de sangre. Al final, llegaron a un río y se encontraron a Caronte (de rostro peludo y ojos encendidos), que estaba disgustado por ver a un mortal allí y se negó a llevarlo en barca al otro lado.

CANTO IV

Dante despierta de repente en el primer círculo del Infierno: el Limbo, donde han ido a parar los que no han sido bautizados, como el mismo Virgilio. El ambiente es denso y oscuro. Virgilio, apesadumbrado por las almas que allí se hallan toma la delantera y le aclara a Dante que es pena lo que siente, y no miedo. Encuentran a cuatro grandes escritores: Horacio, Homero, Lucano y Ovidio. Después de conversar, caminan y cruzan un castillo amurallado, donde ven a numerosos personajes romanos, tanto reales como mitológicos. Por ejemplo: Electra, Héctor y Eneas; César y su hija Julia; y los sabios filósofos Tales, Sócrates, Platón, Anaxágoras, Empédocles, Heráclito… El propio Dante dice no ser capaz de dar detalles de todos. El grupo de escritores se divide: Virgilio se lleva a Dante a un lugar todavía más oscuro.

CANTO V

Bajan al segundo círculo, que es más pequeño. Ven primero a Minos. Escuchan muchísimos gritos y blasfemias contra Dios. Volando de un lado para otro, hay miles de sombras que son personajes como Semíramis o Dido, quienes representan el amor vicioso. Dante siente compasión por Francesca, la cual, conmovida, le contará su historia: ella aún está enamorada y su marido está condenado por haberla matado a ella y a su amante. El amor que conllevó a tal infidelidad nació de leer juntos por diversión. Mientras el espíritu hablaba, Dante se desmayó.

CANTO VI

Dante recobra el sentido y llega al tercero y lluvioso tercer círculo. El gran perro de tres cabezas, Cerbero, ladra amenazante. Sus ojos son rojos y tiene barba negra, con sus uñas desgarra almas. Virgilio le tira barro al perro y siguen su camino, pisando sombras. Una de estas habló con Dante. Se trataba de Ciacco, un parásito de la ciudad de Florencia. Le cuenta a Dante que está allí por culpa del ansia de comida en los festines de otros florentinos, y que hay muchos que se hallan en la misma situación que él por el mismo motivo. Dante se compadece por el espíritu triste, que se aleja de ellos. Continuaron caminando y hablando, hasta que encontraron al presidente del cuarto círculo (el de los avaros y pródigos): Pluto, dios romano de la riqueza.

CANTO VII

Pluto pronuncia una exclamación de rabia ante la presencia de los viajeros, los cuales continúan su camino. Bajan por una fosa, donde todos se entrechocan igual que ocurre con el estrecho de Escila y Caribdis. Ven a clérigos allí condenados por su avaricia. En una conversación, Virgilio corrige a Dante: la Fortuna no es dueña de nada, simplemente distribuye los bienes terrenales. Una ven cruzan un recinto, bajan al quinto círculo (el de los iracundos, los tristes sin motivo, los soberbios y los envidiosos), ven una fuente de negras aguas y se hallan frente la laguna Estigia. Allí hay gente llena de barro muy enfadada que se pelea entre sí; mientras que la gente acidiosa, suspira tristemente en el fondo del pantano. Dante y Virgilio se pasean observando lo que ocurre alrededor, hasta que llegan al pie de una torre.

CANTO VIII

Una pequeña embarcación se acerca hacia ellos. En ella navega  iracundo el arrogante Flegías (quien incendió el templo de Delfos) de sucia apariencia. Dante y Virgilio se suben a su barca y este último lo empuja, causando que la gente del fango haga de él una carnicería. A continuación, el próximo destino es la ciudad de Dite (donde las almas son condenadas por malicia), que está llena de fuego. Entonces, al llegar, miles de espíritus se indignan por ver a un vivo pasearse por un lugar exclusivo para muertos y piden que se marche sin su guía. Dante le suplica al maestro que no le abandone, pero Virgilio se ve retenido por unos demonios y el protagonista ha de pasar por los círculos del infierno él solo.