Esther Serrano Franco, 1º Bach. B.
RESÚMENES “Divina comedia”
CANTO I
Dante se ha perdido en una selva oscura. Entonces, llega al
pie de una colina y descansa un poco. Al animarse a subirla, una pantera
obstaculiza su camino. Cuando amanece, ve también un amenazante león (símbolo
de la soberbia) y una loba (siendo una alegoría de la codicia, Dante da a
entender que ha sido codicioso al decir que la loba le ha causado múltiples
perjuicios). En el momento en el que la loba se acerca peligrosamente a Dante,
aparece el poeta romano Virgilio, ante el cual el protagonista muestra su
admiración, pidiéndole a su vez que le salve de la loba. Virgilio se ofrece a
ayudarlo y sacarlo de ahí, para lo que tendrá que ser su guía a lo largo del Infierno.
CANTO II
Dante expresa su temor al viaje, pues no es un héroe como
Eneas. A continuación, Virgilio le cuenta cómo la hermosa dama Beatriz le
suplicó que lo ayudara. Beatriz y el poeta mantuvieron una conversación en la
que la dama explica que no teme el Infierno porque Dios y la Virgen María la
protegen. A Dante lo llenó de valentía y decisión para avanzar escuchar cómo
Beatriz buscaba su ayuda y cómo Virgilio no dudó en socorrerlo.
CANTO III
Virgilio envalentona a Dante y entran en el Infierno, donde
gritos y llantos forman un aire oscuro. El poeta le cuenta a Dante que están
escuchando a las almas tristes de quienes pasaron desapercibidos y a ángeles
que solo fueron fieles a ellos mismos. Todos ellos se sienten olvidados y
despreciados. “Mira y pasa”-le dice Virgilio. Tenían el rostro manchado de
sangre. Al final, llegaron a un río y se encontraron a Caronte (de rostro
peludo y ojos encendidos), que estaba disgustado por ver a un mortal allí y se
negó a llevarlo en barca al otro lado.
CANTO IV
Dante despierta de repente en el primer círculo del Infierno:
el Limbo, donde han ido a parar los que no han sido bautizados, como el mismo
Virgilio. El ambiente es denso y oscuro. Virgilio, apesadumbrado por las almas
que allí se hallan toma la delantera y le aclara a Dante que es pena lo que
siente, y no miedo. Encuentran a cuatro grandes escritores: Horacio, Homero,
Lucano y Ovidio. Después de conversar, caminan y cruzan un castillo amurallado,
donde ven a numerosos personajes romanos, tanto reales como mitológicos. Por
ejemplo: Electra, Héctor y Eneas; César y su hija Julia; y los sabios filósofos
Tales, Sócrates, Platón, Anaxágoras, Empédocles, Heráclito… El propio Dante
dice no ser capaz de dar detalles de todos. El grupo de escritores se divide:
Virgilio se lleva a Dante a un lugar todavía más oscuro.
CANTO V
Bajan al segundo círculo, que es más pequeño. Ven primero a
Minos. Escuchan muchísimos gritos y blasfemias contra Dios. Volando de un lado
para otro, hay miles de sombras que son personajes como Semíramis o Dido,
quienes representan el amor vicioso. Dante siente compasión por Francesca, la
cual, conmovida, le contará su historia: ella aún está enamorada y su marido
está condenado por haberla matado a ella y a su amante. El amor que conllevó a
tal infidelidad nació de leer juntos por diversión. Mientras el espíritu
hablaba, Dante se desmayó.
CANTO VI
Dante recobra el sentido y llega al tercero y lluvioso tercer
círculo. El gran perro de tres cabezas, Cerbero, ladra amenazante. Sus ojos son
rojos y tiene barba negra, con sus uñas desgarra almas. Virgilio le tira barro
al perro y siguen su camino, pisando sombras. Una de estas habló con Dante. Se
trataba de Ciacco, un parásito de la ciudad de Florencia. Le cuenta a Dante que
está allí por culpa del ansia de comida en los festines de otros florentinos, y
que hay muchos que se hallan en la misma situación que él por el mismo motivo.
Dante se compadece por el espíritu triste, que se aleja de ellos. Continuaron
caminando y hablando, hasta que encontraron al presidente del cuarto círculo
(el de los avaros y pródigos): Pluto, dios romano de la riqueza.
CANTO VII
Pluto pronuncia una exclamación de rabia ante la presencia de
los viajeros, los cuales continúan su camino. Bajan por una fosa, donde todos
se entrechocan igual que ocurre con el estrecho de Escila y Caribdis. Ven a
clérigos allí condenados por su avaricia. En una conversación, Virgilio corrige
a Dante: la Fortuna no es dueña de nada, simplemente distribuye los bienes
terrenales. Una ven cruzan un recinto, bajan al quinto círculo (el de los
iracundos, los tristes sin motivo, los soberbios y los envidiosos), ven una
fuente de negras aguas y se hallan frente la laguna Estigia. Allí hay gente
llena de barro muy enfadada que se pelea entre sí; mientras que la gente
acidiosa, suspira tristemente en el fondo del pantano. Dante y Virgilio se
pasean observando lo que ocurre alrededor, hasta que llegan al pie de una
torre.
CANTO VIII
Una pequeña embarcación se acerca hacia ellos. En ella
navega iracundo el arrogante Flegías
(quien incendió el templo de Delfos) de sucia apariencia. Dante y Virgilio se
suben a su barca y este último lo empuja, causando que la gente del fango haga
de él una carnicería. A continuación, el próximo destino es la ciudad de Dite
(donde las almas son condenadas por malicia), que está llena de fuego.
Entonces, al llegar, miles de espíritus se indignan por ver a un vivo pasearse
por un lugar exclusivo para muertos y piden que se marche sin su guía. Dante le
suplica al maestro que no le abandone, pero Virgilio se ve retenido por unos
demonios y el protagonista ha de pasar por los círculos del infierno él solo.
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