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viernes, 28 de agosto de 2020

EJEMPLOS RESUELTOS EBAU LITERATURA 2020. Castellano.

 

EJEMPLOS RESUELTOS EBAU LITERATURA 2020

FRAGMENTO 1 ‘Entre visillos’

a) El fragmento corresponde al nudo de la obra, en el capítulo 14. Las amigas de Elvira la visitan y le preguntan por su hermano y por Emilio. Ambos estudian juntos las oposiciones a Notarías, algo que los convertía en buenos partidos para las solteras de la época. Elvira habla como si apenas viera a Emilio, cuando la realidad es que acude frecuentemente, para estudiar y de paso verla a ella.

b) Dentro de la producción de Carmen Martín Gaite, esta obra pertenece a la etapa inicial. Con ella se consagró en 1957 en el mundo literario, aunque ya había recibido el Premio Gijón por ‘El balneario’.

c) La postura que manifiesta la autora con es que el matrimonio se concebía como una necesidad vital para las mujeres de los años cincuenta. Destaca la preferencia de los hombres formados, que puedan percibir un buen salario, dada la dependencia económica de la mujer, que quedaba subordinada a las tareas domésticas y maternas.

 

FRAGMENTO 2 ‘Romancero gitano’

a) La luna simboliza el erotismo, el misterio, la maternidad, la belleza. Es una bailadora (de la vida y la muerte), mágica e hipnotizadora.

Los gitanos simbolizan los impulsos naturales, son el arquetipo de hombre libre que lucha contra la coacción y la represión; y están siempre abocados a un trágico destino.

b) Pertenece a su etapa de poesía mítico-andaluza. De esta etapa destacan ‘Poema de cante jondo’ (inicia su época de plenitud y recurre a temas tradicionales para expresar el dolor de vivir) y ‘Romancero gitano’ (canta a la raza gitana abocada al destino trágico, con un lenguaje que funde lo popular y lo culto).

c) Federico García Lorca pertenece a la generación literaria de 1927. Tres de sus características son las siguientes:

El uso de tradición y vanguardia (-ismos): así emplean el versículo y el verso libre de la vanguardia y estrofas medidas y tradicionales (octavas, décimas, sonetos…).

Hay una evolución y equilibrio entre poesía intelectualizada y supuesta espontaneidad pasional.

En cuanto a temática, abordan los grandes temas universales: amor, deseos y frustraciones por lo inalcanzado, angustia existencial…

 

FRAGMENTO 3 ‘Historia de una escalera’

a) Trini es una joven de aspecto simpático, hermana de Rosa, ambas hijas del Sr Juan, un viejo alto y escuálido que reniega porque su hija Rosa se ha amancebado con Pepe; pero muestra su gran corazón entregándole sus ahorros a Trini para que se los dé. Al final, tras la muerte del padre y cuando ya han pasados muchos años, vemos que han acabado solas, solteras y sin hijos, pero se apoyan mutuamente.

b) Dentro de la producción del autor esta obra pertenece a su etapa de realismo simbólico, en la que escribió sus primeras obras (Hoy es fiesta, En la ardiente oscuridad…). Se caracteriza por la verosimilitud: el espacio escénico reproduce lugares reales o que podrían serlo. Los caracteres de los personajes están bien definidos a través del diálogo y se respetan las tres unidades clásicas (planteamiento, nudo y desenlace). El realismo de Buero dista del que se impuso en los años cincuenta porque se combina con el simbolismo. Lo habitual es que aborde temas de la realidad contemporánea. Dentro de esta línea tradicional también introduce novedades técnicas.

c) El tono de melancolía o tristeza lo vemos en las muertes, la nostalgia, el dolor y el pesimismo. Sí que tiene que ver con el ambiente que se vivió tras la Guerra Civil, ya que tras ella se esperaba algo mejor, y sin embargo, se impuso una dictadura represiva y una penosa situación económica que duró muchísimos años. Buero representa este ambiente sin mencionar explícitamente la dictadura franquista, ya que de haberlo hecho, su obra no podría haberse publicado y hubiera puesto su vida en peligro.

 

FRAGMENTO 4 ‘Historia de una escalera’

a) Fernando y Urbano son dos amigos que representan dos maneras de entender la realidad: mientras Fernando, hijo único y egoísta, aspira al progreso socioeconómico por su cuenta, a pesar de ser un vago; Urbano es un proletario solidario que cree en el sindicalismo para dicho progreso, que para él ha de ser un progreso colectivo.

b) Buero Vallejo pertenece a la generación del 36. Tres de sus características son las siguientes: 1) los autores padecen las consecuencias de la dura España de posguerra, 2) aparecen temas como la guerra o la vida familiar, 3) el lenguaje empleado es sencillo.

c) Sí, de manera muy sutil. La economía no pasa por su mejor momento: huelga de metalúrgicos y Urbano deja clara la dificultad de mejora del proletariado. Aunque no habla de hambre, ni alude a la dictadura, Fernando ‘no sabe cómo aguanta’ desea subir y que todo mejore. Ninguno de los personajes se siente a gusto con la situación socioeconómica.

 

FRAGMENTO 5 ‘Poeta en Nueva York’

a) Tres imágenes que sugieren una visión negativa de Nueva York son ‘las monedas en enjambres furiosos’, ‘un huracán de negras palomas’ y ‘las aguas podridas’. Así la intención de Lorca es denunciar la capitalista sociedad neoyorquina: la deshumanización del mundo industrializado, la opresión de los negros, la desesperanza, la contaminación y suciedad, el poder del dinero, la explotación laboral y la destrucción de la naturaleza.

b) Este lenguaje poético se relaciona con el surrealismo, que exalta la libertad individual y creativa. La libertad imaginativa permite asociar de modo inesperado palabras u objetos para provocar reacciones inconscientes. Por eso predominan imágenes y metáforas que causan extrañeza u otras sensaciones en el lector.

c) Lorca tenía muchos detractores que no toleraban su modo progresista de ser, opinar y crear. Un mes después del estallido de la Guerra Civil en 1936, un grupo de nacionales lo detuvo en casa de una familia falangista que lo hubo protegido y lo fusiló.

 

FRAGMENTO 6

a) Julia Ruiz tiene veintisiete años. Es hermana de Natalia y Mercedes. Se debate entre las exigencias del novio y las prohibiciones de la familia. El primero la anima a vivir su propia vida, pero sus formas son bruscas. Al final se escapará a Madrid para encontrar trabajo y estar con él.

b) Carmen Martín Gaite pertenece al realismo crítico de los años cincuenta. Tres características son: la aparición de un protagonista colectivo, el tratamiento lineal del tiempo y la denuncia de la desigualdad de clases y de la injusticia social (explotación obrera, banalidad de la vida aburguesada…)

c) Sí, porque se expone que el mero hecho de ‘excitarse’, algo natural; así como tener sueños relacionados con sexo, algo incontrolable, es concebido como un pecado por el cual es menester confesarse. La mujer debía mantenerse pura hasta el matrimonio, así lo dictaba la Iglesia, por eso Julia sufre la represión sexual. Sufre y tiene remordimientos por sentir excitación.

 

 

 

 

sábado, 22 de agosto de 2020

FILO. EJEMPLOS PREGUNTA 4 DESCARTES.

  EJEMPLOS PREGUNTA 4 DESCARTES.

EXAMEN HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ‘DESCARTES’

4/ Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del autor que juzgues interesante en alguno de estos sentidos: por su relación con otros filósofos, con los hechos históricos relevantes (especialmente si sin coetáneos del autor o tienen relación con si vida o con rasgos significativos del mundo contemporáneo.

Relación entre Descartes y acontecimientos históricos relevantes: las guerras religiosas y la condena de Galileo

Descartes vive en un contexto de crisis en todos los sentidos. Es el siglo XVII, en el que continúan los cambios iniciados en el Renacimiento poniendo en crisis el Antiguo Régimen; fomentados sobre todo por el auge burgués, el desarrollo del capitalismo, los descubrimientos geográficos, la extensión de las ideas protestantes…

En cuanto a las guerras religiosas, la Reforma protestante y la Contrarreforma suponen una crisis religiosa que llevará a conflictos bélicos (bajo influjo además de intereses políticos y un afán expansionista) entre estados europeos protestantes y católicos. Descartes, que participó en la Guerra de los Treinta Años, primero en el bando protestante y luego en el católico, refleja la actitud de incertidumbre propia del hombre en crisis del siglo XVII. Entendemos así el afanoso anhelo cartesiano de hallar la Verdad, de encontrar algo firme en mitad de la inestabilidad que le rodeaba.

Por otro lado, se vive desde el siglo anterior el auge de la ciencia (Revolución Científica), campo en el que destaca Galileo Galilei, que por su tesis sobre el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, fue condenado por la Santa Inquisición en 1633. Descartes, conocedor de este hecho, renuncia a publicar su obra ‘Tratado del mundo y de la luz’ en la que exponía su física y defendía la tesis de Galileo. Se evidencia así su miedo de enfrentarse a la Iglesia, bien por temor a ser condenado también o por su fidelidad a su fe religiosa. Comprobamos en el ‘Discurso del método’ la prudencia con la que trata temas con referencias religiosas o políticas.


Influencia de los estoicos en Descartes

Los estoicos fueron unos filósofos griegos, cuya escuela filosófica fue creada por Zenón de Citio en  Atenas,  hacia el año 300 a.C. En ese momento las polis griegas pierden su independencia, quedando sometidas a autoridades y leyes de gobiernos lejanos; por lo que encontraremos en la Filosofía una perspectiva más antropocéntrica.

Descartes simpatizará con los principios del estoicismo y se convertirán en el fundamento del tercer precepto de su moral provisional, uno de los cuatro preceptos morales que se ve obligado a diseñar cuando busca la Verdad y repara en que aunque en el ámbito teórico deba aceptar solo aquello claro y distinto, en la vida cotidiana, la voluntad no puede abstenerse de actuar.

Así pues, esta tercera máxima se basa en el control de las pasiones por la razón y en no luchar por lo inalcanzable. Para los estoicos hay una razón (Dios) que gobierna todo el Universo, y lo hace ser un todo ordenado (cosmos). Todo lo que ocurre está determinado por el destino, que debe aceptarse, en lugar de luchar en su contra por conseguir algo imposible. El hombre tendrá que vivir conforme a su naturaleza (conforme a la razón), controlando los apetitos y deseos, manteniendo el control. Este es el único modo de hallar la paz interna (o ‘paz de espíritu’ como dice Descartes).  En este sentido, pone el filósofo francés un ejemplo: si estamos presos y anhelamos la libertad, no tiene sentido empeñarnos en hallarla, ya que es algo que está fuera de nuestras manos. Es decir, sería inútil esforzarnos por ser libres. Pero sí que sería lógico, como defienden los estoicos, dirigir nuestra razón de modo que gobierne a nuestras pasiones y estas no la cieguen y así no pretender algo imposible y saber vivir conforme al destino.

Los estoicos, nos cuenta Descartes en la III Parte del ‘Discurso del método’ (en la que expone su moral provisional), se consideraban más desdichados, ricos y felices que aquellos que sentían que les faltaba algo porque su razón no había logrado tomar las riendas de sus deseos y apetitos, los cuales se mostraban insaciables y tiranos. Y por lo que vemos, decide nuestro filósofo seguir su ejemplo.

 




FILO. DISERTACIONES DESCARTES.

 DISERTACIONES DESCARTES.

Método y Verdad

¿Existe un método que nos conduzca a la Verdad? ¿Qué es el método y qué importancia tiene en la Filosofía cartesiana? ¿Por qué Descartes rechaza los métodos del álgebra, de la geometría y de la lógica? A continuación se detallará el objetivo de la Filosofía de Descartes, así como su método para alcanzar la Verdad y cómo llega al primer principio indubitable.

 

En contra del escepticismo que imperaba en el siglo XVII, Descartes cree que la Verdad absoluta existe (igual que Platón) y precisamente alcanzarla constituye el objetivo de su Filosofía. Pretende hallar una explicación GLOBAL del mundo, un nuevo proyecto filosófico-científico que sustituya a la escolástica aristotélica. Como la base de toda visión del mundo es filosófica, metafísica, intentará que estos cimientos sean firmes y seguros.

¿Pero cómo encontrar la Verdad? El primer paso es revisarlo todo, ponerlo todo en duda, puesto que la duda es el camino hacia la Verdad, ya que aquello que sea indubitable ha de ser verdadero. No obstante, para dirigir bien la razón desde el principio de la búsqueda, es necesario emplear el método adecuado, para no pisar en falso. Elige así Descartes un método basado en el de las matemáticas, el cual le permitirá encontrar la Verdad.

Además, como racionalista, Descartes defiende que la razón, común en todos los hombres, es la fuente del conocimiento, cuyas operaciones naturales son la intuición y la deducción. Por eso, después de observar todas las distintas opiniones y costumbres que solo alimentaron su incertidumbre, se decide a estudiar en sí mismo y pone a examen su propia razón, por lo que se le considera el padre de la Filosofía moderna.

A continuación cabe preguntarse: ¿por qué un método matemático y no otros? Pues bien, antes de decidirse, nuestro filósofo considera el método del álgebra, el de la lógica y el de la geometría (así nos lo cuenta en la II Parte del ‘Discurso del método’). El primero lo rechaza por ser el álgebra una materia muy confusa con demasiadas reglas. El segundo resulta que solo atiende a la forma correcta de los razonamientos, pero no amplía el conocimiento. Y el tercero no es válido por ser la geometría una materia demasiado abstracta. Por lo tanto, escoge el método matemático porque, comprendiendo las ventajas de los tres, está exento de sus fallos.

¿Qué entendemos por método? Descartes define el método como ‘una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que aquel que las observe no tome nunca algo falso por verdadero y llegue a la comprensión de todas las cosas que no sobrepasen su capacidad’.

En lugar de tantísimos preceptos como tiene la lógica, Descartes cree tener bastante con cuatro. Así, las reglas del método son las siguientes:

La primera, la regla de la evidencia, consiste en no tomar ninguna cosa como verdadera que no se conozca evidentemente como tal; evitando la precipitación y la prevención, y aceptando tan solo aquello que se presente tan clara y distintamente al entendimiento que sea imposible dudar de ello.

La segunda regla es la regla del análisis (análisis significa división) y defiende la necesidad de dividir cualquier dificulta en tantas partes como sea posible y necesario con el fin de resolverlas mejor.

La tercera regla, la de la síntesis trata sobre conducir por orden los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco hasta el conocimiento de los más complejos.

La última regla, la de la enumeración y sinopsis, consiste en hacer recapitulaciones tan completas y revisiones tan generales para asegurarse de que no se ha omitido nada.

¿Cuándo comienza Descartes a aplicar el método? Cuando empieza la búsqueda de la Verdad, que arranca con la duda, pues es necesario dudar de todo lo aprendido y tomar como falso todo lo que despierte la más mínima duda, pare ver si después de dicho proceso queda algo firme e indudable, una primera Verdad. Para ello pasa por tres niveles de duda:

Primero cuestiona la fiabilidad de los sentidos (como ya hizo el filósofo griego presocrático Parménides de Elea y posteriormente Platón), porque nos engañan en ocasiones, por lo que no se aceptan como datos indudables los procedentes de los sentidos.

En el segundo nivel de duda es la confusión entre el sueño y la vigilia. Podemos creer estar despiertos, pero eso no es absolutamente evidente, pues podríamos estar soñando, ya que en los sueños se tienen sentimientos y experiencias idénticos a los que tenemos despiertos.

El tercer nivel de duda es la duda hiperbólica. ¿Puedo estar seguro de las verdades matemáticas? –se pregunta Descartes. Tampoco, porque podría haber un Genio Maligno que se dedique a engañar haciéndonos tomar las deducciones matemáticas por verdadera.

Tras ponerlo todo en duda, queda una Verdad irrefutable: pienso, luego soy (cogito, ergo sum). Es el principio sólido de la Filosofía que buscaba, para construir a partir de él deductivamente el edificio unitario del saber. Y es que después de pensar que todo era falso, ‘se deducía necesariamente que yo que lo pensaba, fuese algo’ –nos dice. Esta Verdad, además de ser tan firme que ni los escépticos la podían refutar, se convierte en el criterio de certeza (claridad y distinción).

A partir de entonces todo lo que sea intuido clara y distintamente será verdadero, pero podemos confiar en este criterio de Verdad gracias a la existencia de Dios. Este, que representa la bondad y perfección infinitas, no puede ser engañador, por lo que si percibo la realidad extramental clara y distintamente, no puedo dudar de su existencia.

 

En conclusión, método y Verdad en la Filosofía cartesiana no pueden entenderse el uno sin el otro, porque Descartes, que piensa que la Verdad existe y se dispone a encontrarla, necesita servirse de un método adecuado (inspirado en la matemática) para orientar rectamente su razón y alcanzar la Verdad. El método se compone de cuatro reglas: evidencia (solo tomamos como verdadero aquello evidente que no despierte dudas), análisis (dividir lo complejo en partes simples), síntesis (conocer primero lo simple y ascender poco a poco al conocimiento de lo complejo), y enumeración (comprobar que todo está completo y sin fallos). La aplicación del método, comienza con la duda, que punto de partida en el camino a la Verdad. Así, dudando de todo llega al primer principio indudable: pienso, luego soy.

Después de haber analizado el método de Descartes, que es deductivo como el matemático, podemos plantearnos: ¿acaso el método inductivo que emplea el empirismo no nos ha servido también para ampliar nuestro conocimiento?

Método y razón

¿Por qué es tan importante la razón en el método de Descartes?  ¿Hacemos todos un buen uso de la razón? En el ‘Discurso del método’ nuestro filósofo expone una serie de reglas para la dirección de la mente, para orientar correctamente la razón. A continuación, partiendo del contexto de crisis del siglo XVII, expondremos la necesidad del método y los supuestos racionalistas en que se basaba Descartes.

 

El contexto histórico en que vivió Descartes, el siglo XVII, puede definirse como una etapa de crisis en todos los sentidos: entra en crisis el Antiguo Régimen (a causa de los nuevos conocimientos geográficos y al auge burgués), hay una crisis religiosa (la Reforma y la Contrarreforma dividen Europa), la escolástica aristotélica medieval entra en crisis también (se alza una Nueva Ciencia de carácter antropocéntrico).

Este contexto de crisis conduce a la duda y a la incertidumbre, al deseo de hallar algo estable entre tanta inestabilidad, al anhelo de encontrar la Verdad que se convierte en el objetivo de la Filosofía de Descartes, con el fin de construir una explicación filosófica-científica y GLOBAL del mundo.

Como principal representante del Racionalismo, Descartes confía en la razón para alcanzar la Verdad. Para él, la razón es una ‘luz natural’ común en todo ser humano, por lo que defiende igual que Platón el innatismo del conocimiento.

Sin embargo, ¿todos hacemos un buen uso de la razón? No, pues aunque la razón entendida como facultad para juzgar adecuadamente y distinguir lo verdadero de lo falso sea inherente a todo individuo, cada uno posee facultades intelectuales diferentes, por lo que quienes posean menos, tendrán más dificultades para descubrir verdades. En segundo lugar, para un buen uso de la razón hay que contar con un método adecuado (Descartes comparte en el ‘Discurso del método’ cómo su método, que está inspirado en las matemáticas, por la certeza que presenta esta materia, le ha dado buen resultado) y es menester que la razón dirija las pasiones para que estas últimas no cieguen a la primera (teoría de las pasiones estoica y platónica).

¿Pero cómo conocemos? El Racionalismo (Descartes) afirma que los principios del conocimiento son las ideas innatas, generadas solamente por la propia razón. Descartes distingue entre ideas innatas, adventicias y facticias. Las ideas adventicias (que provienen de la realidad sensible) no son fiables porque los sentidos son engañosos (como diría el filósofo presocrático Parménides). Y las facticias (inventadas por nuestra mente) tampoco resultan fiables.

Cabe señalar que se posee una predisposición natural para formar ideas innatas, pero estas no están acabadas en la mente de un niño, por lo que necesitan de alguna experiencia como factor activador que torne conscientes estas ideas que posee el pensamiento, la razón en sí misma.

¿Hay alguna idea innata a destacar en la Filosofía cartesiana? Una idea innata fundamental es la idea de infinito. ‘Esta idea no puede haber sido puesta en mí por mí, que soy finito, sino por un ser infinito’- se dice Descartes. Luego, ese ser infinito es Dios, que al poseer una bondad infinita, no puede ser engañador, lo que implica que lo que se percibe clara y distintamente será verdadero. Dios se convierte así en la garantía del criterio de Verdad, del conocimiento.

Descartes, en su búsqueda de la Verdad, nada más comenzar a aplicar el método está poniendo a examen su razón (por esto se le considera el padre de la Filosofía moderna). El primer paso es la duda. Decide dudar de todo lo aprendido, incluso de los razonamientos matemáticos en los que siempre había creído, puesto que los hombres se equivocan al razonar involuntariamente, ‘cometen paralogismos’, por lo que él podría también estar equivocado. Derriba así el edificio del conocimiento para edificar uno nuevo sobre bases sólidas (metafísicas, filosóficas) guiado por el método adecuado.

¿Pero qué entendemos por método? Descartes lo define como ‘una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que aquel que las observe no tome nunca algo falso por verdadero y llegue a la comprensión de todas las cosas que no sobrepasen su capacidad’.

¿Cuáles son esas reglas?

La primera, la regla de la evidencia, consiste en no tomar ninguna cosa como verdadera que no se conozca evidentemente como tal; evitando la precipitación y la prevención, y aceptando tan solo aquello que se presente tan clara y distintamente al entendimiento que sea imposible dudar de ello.

La segunda regla es la regla del análisis (análisis significa división) y defiende la necesidad de dividir cualquier dificulta en tantas partes como sea posible y necesario con el fin de resolverlas mejor.

La tercera regla, la de la síntesis trata sobre conducir por orden los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco hasta el conocimiento de los más complejos.

La última regla, la de la enumeración y sinopsis, consiste en hacer recapitulaciones tan completas y revisiones tan generales para asegurarse de que no se ha omitido nada.

Así, aplicando este método deductivo, Descartes se muestra orgulloso de haber podido descubrir verdades, siempre a través de las dos operaciones naturales de la razón: la intuición y la deducción. La intuición es un acto del entendimiento que no deja duda alguna sobre lo comprendido. La deducción es una especie de intuición sucesiva que para que sea válida deben de ser evidentes, tanto su principio como sus pasos.

 

En conclusión, método y razón en la Filosofía cartesiana no se pueden entender el uno sin el otro, ya que el método de Descartes, inspirado en las matemáticas, necesita exclusivamente de la razón para poder ser aplicado. Como racionalista, nuestro filósofo defiende la existencia de ideas innatas (generadas por la razón) como principios del conocimiento. Así, en su camino hacia la Verdad, emplea su método deductivo, compuesto por cuatro reglas: evidencia (solo tomamos como verdadero aquello evidente que no despierte dudas), análisis (dividir lo complejo en partes simples), síntesis (conocer primero lo simple y ascender poco a poco al conocimiento de lo complejo), y enumeración (comprobar que todo está completo y sin fallos).

Por último, tras haber visto la importancia de la razón en el método cartesiano, ¿no es cierto que también los sentidos nos acercan a conocer nuestro mundo con Verdad?

Las tres sustancias en Descartes: Dios, pensamiento y extensión

¿Qué entendemos por sustancia en la Filosofía de Descartes?  ¿Cómo podemos conocer las sustancias? ¿Qué papel tiene Dios como la más perfecta de ellas? A continuación detallaremos cómo en su camino hacia la Verdad, nuestro filósofo va descubriendo cada una de las tres sustancias y explicaremos qué las caracteriza.

Descartes se propone conformar una explicación GLOBAL del mundo, un nuevo proyecto filosófico-científico que sustituya a la Filosofía aristotélica. Como la base de toda visión del mundo es filosófica, metafísica, intentará que estos cimientos sean firmes y seguros.

Inicia a su nuestro filósofo su búsqueda de la Verdad. ¿Cuál es su punto de partida? Parte de la duda, pues deberá, con la única ayuda de su razón, someterlo todo a duda para ver si después queda algo incuestionable, que se convierta en la primera Verdad. Para ello pasa por los siguientes niveles de duda:

Primero cuestiona la fiabilidad de los sentidos (como ya hizo el filósofo griego presocrático Parménides de Elea y posteriormente Platón), porque nos engañan en ocasiones, por lo que no se aceptan como datos indudables los procedentes de los sentidos.

En el segundo nivel de duda es la confusión entre el sueño y la vigilia. Podemos creer estar despiertos, pero eso no es absolutamente evidente, pues podríamos estar soñando, ya que en los sueños se tienen sentimientos y experiencias idénticos a los que tenemos despiertos.

El tercer nivel de duda es la duda hiperbólica. ¿Puedo estar seguro de las verdades matemáticas? –se pregunta Descartes. Tampoco, porque podría haber un Genio Maligno que se dedique a engañar haciéndonos tomar las deducciones matemáticas por verdadera. (Esta hipótesis se encuentra en su obra más importante: ‘Meditaciones Metafísicas’).

Tras haber derribado así el edificio del conocimiento, queda una base tan sólida que ni los escépticos pueden refutar: la primera Verdad. Y es que tras haber pensado que todo era falso, Descartes concluye que: ‘se deducía necesariamente que yo que lo pensaba fuese algo’. Así, esta Verdad (pienso, luego soy) no solo se convertirá en el criterio de certeza de la Filosofía cartesiana, sino que gracias a ella descubre la primera sustancia, puesto que deduce ser pensamiento, una ‘sustancia pensante’ (res cogitans).

¿Por qué ‘pienso, luego soy’ constituye el criterio de certeza? Bien, pues como esta Verdad indubitable es intuida evidentemente, es decir, clara y distintamente; todo lo percibido a partir de entonces del mismo modo, será verdadero.

A continuación Descartes repara en que todo lo que ve, oye, toca… lo percibe de forma clara y distinta. ¿Pero a eso que percibe, que piensa, corresponde a algo exterior o solo está en el pensamiento? Necesita que ‘algo’ garantice esa existencia del mundo exterior, para salir de sí mismo, de sus pensamientos. Para salir del solipsismo.

Para descubrir si alguna de las ideas que posee puede ayudarle a dar ese paso, las analiza, distinguiendo tres tipos de ideas:

En primer lugar, las ideas adventicias, que provienen de la realidad sensible, no son fiables porque los sentidos son engañosos (como defendía el filósofo presocrático Parménides y posteriormente Platón).

En segundo lugar, las ideas facticias, al ser invenciones de nuestra mente, tampoco ayudan a salir del solipsismo.

Por el contrario, sí que le servirán para ello las ideas innatas, que están generadas por el entendimiento, por la propia facultad de razonar.

Descartes identifica la idea de infinito, que es innata, con Dios, que es quien le permite salir del solipsismo. Para defender su existencia ofrece tres argumentos:

El primero defiende que la idea de infinito debe tener una causa infinita, no finita como somos los seres humanos, por lo que esa causa ha de ser Dios, que posee la cualidad de infinito. Así, Dios es la segunda sustancia descubierta (res infinita).

El segundo sostiene que la idea de perfección infinita, ha de haber sido causada por un ser perfecto, por Dios. Y el tercero (argumento ontológico o de San Anselmo) defiende que Dios ha de existir porque si no existiera, al faltarle la cualidad de la existencia, ya no sería perfecto.

Dios, que no es engañador, puesto que en todo engaño hay imperfección, es imposible que esté confundiendo a Descartes acerca de lo que percibe clara y distintamente. Así, Dios se convierte en la garantía del criterio de Verdad. Esto supone rechazar la hipótesis del Genio Maligno y el descubrimiento de la tercera sustancia en la Filosofía cartesiana: las extensión (cuerpo y mundo) o ‘res extensa’. Como Descartes percibe su cuerpo con claridad y distinción, han de existir necesariamente.

Así Descartes ha descubierto las tres sustancias: pensamiento (res cogitans), Dios (res infinita) y las cosas materiales (res extensa). Solo podemos conocerlas por sus atributos. El de la primera es el pensamiento; el de la segunda son la infinitud, la perfección y la bondad; y el de la tercera es la extensión.

¿Pero qué entendemos por sustancia? Nuestro filósofo la define como ‘aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir’. Entonces, en sentido estricto, solo Dios sería sustancia, puesto que las otras dos han sido causadas por él. Sin embargo, en un sentido más laxo, entendemos que ‘res cogitans’ y ‘res extensa’ son sustancias en tanto que no necesitan la una de la otra para existir.

Por otra parte, cabe señalar que Descartes tiene una concepción mecanicista del mundo, ya que lo concibe como una máquina, como un reloj creado por Dios a partir de materia inerte que ha dotado de movimiento.

¿Es el mundo exterior tal y como lo percibimos? Para responder a esto, Descartes distingue entre cualidades que percibimos clara y distintamente, y que por tanto, ofrecen conocimiento verdadero; y cualidades cualitativas que tan solo tienen validez subjetiva. Las primeras son las cualidades primarias cuantificables, objetivas y reales, tales como el volumen y el movimiento. Las otras son subjetivas, como el olor, el color, el sonido…

En conclusión, las tres sustancias en Descartes, por orden de descubrimiento, son el pensamiento (res cogitans), Dios (res infinita) y mundo (res extensa). Solo podemos conocerlas a partir de sus atributos: pensamiento; infinitud, bondad, perfección; y extensión (respectivamente). Así, en este camino hacia la Verdad que parte de la duda, Descartes confecciona su visión global del mundo partiendo del famoso ‘pienso, luego soy’.

Una vez hemos repasado las tres sustancias en Descartes, podríamos preguntarnos: ¿son innatas las ideas de Dios y de perfección? ¿O acaso son culturales?

Duda y criterio de Verdad en Descartes

¿Cómo nos puede conducir la duda al criterio de Verdad en Descartes? ¿En qué se diferencia esta duda de la escéptica? ¿Y en qué consiste dicho criterio de certeza? A continuación explicaremos el camino que lleva a Descartes a encontrar la Verdad, pasando por tres niveles de duda y llegando al ‘cogito ergo, sum’, que establece el criterio de Verdad en su Filosofía.

 

El contexto histórico en que vivió Descartes, el siglo XVII, puede definirse como una etapa de crisis en todos los sentidos: entra en crisis el Antiguo Régimen (a causa de los nuevos conocimientos geográficos y al auge burgués), hay una crisis religiosa (la Reforma y la Contrarreforma dividen Europa), la escolástica aristotélica medieval entra en crisis también (se alza una Nueva Ciencia de carácter antropocéntrico).

Surge de esta manera la incertidumbre, entre tanta inestabilidad y la necesidad de revisarlo todo. Por si esto no fuera suficiente, también alimentarán las dudas de Descartes el relativismo de las opiniones de los filósofos que estudió en la Flèche, así como la diversidad de costumbres de los diferentes pueblos que descubrió en sus viajes por ‘el gran libro del mundo’.

Después de viajar, viendo que no había hallado nada seguro y firme, se resolvió a estudiar en sí mismo, pues pensaba que tan solo con la ayuda de su razón podría alcanzar la Verdad –ya que Descartes cree, al igual que Platón y en contraposición con el escepticismo imperante en la época, que la Verdad absoluta existe y puede ser conocida-.

¿Pero para qué hallar la Verdad?  El objetivo de la Filosofía cartesiana no es otro sino alcanzar la Verdad para construir a partir de ella una explicación GLOBAL del mundo, un proyecto filosófico científico que sustituya a la escolástica aristotélica que no había hecho más que confundirle –por su educación en la Flèche-.

¿Por dónde empezar la búsqueda? Primero debe de derribar todo el edificio del saber, debe dudar de todo lo aprendido y juzgar como falso todo aquello que despertase en él la más remota duda. Todo ello para ver si quedaba alguna Verdad indubitable que se convirtiera en los cimientos del nuevo edificio del conocimiento, que se edificará deductivamente, mediante la intuición y la deducción, que son las operaciones naturales de la razón. Los cimientos que Descartes busca son metafísicos, filosóficos, y han de ser seguros. Para hallarlos, el primer paso es dudar de todo.

¿Pero es la duda metódica de Descartes como la duda escéptica? No debemos confundirlas, ya que la primera es transitoria y la segunda es permanente. Mientras Descartes cree que la Verdad absoluta existe y una vez hallada, no tendría sentido dudar de ella; los escépticos no creen que esta exista. Así, la duda escéptica es destructiva, mientras que la duda metódica (radical y universal por abarcar todos los ámbitos de los que es posible dudar) es constructiva porque supone en punto de partida en el camino hacia la Verdad. Por último, la duda cartesiana es teorética, solo aplicable al ámbito del conocimiento, no al de la acción, porque la voluntad no puede privarse de actuar. De ahí la necesidad cartesiana de diseñar unos mínimos morales para la vida cotidiana (moral provisional).

Descartes pasa por tres niveles de duda:

Primero cuestiona la fiabilidad de los sentidos (como ya hizo el filósofo griego presocrático Parménides de Elea y posteriormente Platón), porque nos engañan en ocasiones, por lo que no se aceptan como datos indudables los procedentes de los sentidos.

En el segundo nivel de duda es la confusión entre el sueño y la vigilia. Podemos creer estar despiertos, pero eso no es absolutamente evidente, pues podríamos estar soñando, ya que en los sueños se tienen sentimientos y experiencias idénticos a los que tenemos despiertos.

El tercer nivel de duda es la duda hiperbólica. ¿Puedo estar seguro de las verdades matemáticas? –se pregunta Descartes. Tampoco, porque podría haber un Genio Maligno que se dedique a engañar haciéndonos tomar las deducciones matemáticas por verdadera.

Es preciso aclarar que estos niveles de duda, resumidos a groso modo en la IV Parte del ‘Discurso del método’, aparecen desarrollados en la obra más importante de Descartes, ‘Meditaciones metafísicas’, que es en la que aparece por primera vez la hipótesis del Genio Maligno. Aun así en la IV Parte se insiste en dudar de la razón: los hombres se equivocan accidentalmente en sus razonamientos, cometen paralogismos (yo también puedo equivocarme, piensa Descartes con esa humildad que comparte con Sócrates).

Pues bien, tras ponerlo todo en duda, queda una Verdad irrefutable: pienso, luego soy (cogito, ergo sum). Es el principio sólido de la Filosofía que buscaba. Y es que después de pensar que todo era falso, ‘se deducía necesariamente que yo que lo pensaba, fuese algo’ –nos dice. Esta Verdad, además de ser tan firme que ni los escépticos la podían refutar, se convierte en el criterio de  Verdad (claridad y distinción), del que Dios es garantía, ya que es tan bondadoso que no podría tenernos engañados acerca de lo que percibimos clara y distintamente, que por tanto, necesariamente ha de ser verdadero.

¿Y qué entendemos precisamente por claridad y distinción? Descartes llama ‘claro’ al conocimiento que se manifiesta de forma tan nítida como cuando decimos que vemos claramente los objetos, estando nuestros ojos dispuestos a mirarlos. En segundo lugar, llama ‘distinto’ al conocimiento que es tan preciso y diferente de todos los demás que no puede confundirse con otro.

Así, la duda le ha conducido a la primera Verdad (pienso, luego soy); y por ende, le ha conducido también al criterio de certeza, por ser esta Verdad clara y distinta.

 

En conclusión, la duda y el criterio de Verdad en la Filosofía cartesiana van cogidos de la mano porque la duda metódica y constructiva no es más que el punto de partida en el camino de la Verdad. Así, pasa por tres niveles de duda, cuestionando: la fiabilidad de los sentidos, la realidad (confusión sueño-vigilia) y las verdades matemáticas. Queda sin embargo una Verdad irrefutable (pienso, luego soy) que resiste todas las dudas y que se convierte en el criterio de Verdad de la Filosofía de Descartes: claridad y distinción.

Por último, remitiéndonos a los niveles de duda: ¿llegó Descartes a dudar realmente de las matemáticas en las que tanto confiaba, considerando que su propio método es desde el principio, matemático?