miércoles, 2 de septiembre de 2020

Reflexión filosófica. Homo sapiens.

 Podríamos decir que la cultura nos ha oprimido en el sentido de que nos ha reconducido a todos, pues desde el momento en el que naces, te educan y crían conforme a la cultura que reina en la sociedad en el lugar en el cual has nacido. Entonces, poco a poco vas creciendo y alimentándote de tu cultura, ya que es tu forma de vivir, por lo que hay cosas que haces simplemente porque te han sido transmitidas, o porque es lo que hace el resto.

Cabe considerar ese valor opresor de la cultura porque al establecer un conjunto de ideas, valores, hábitos… que definen una forma de vida, observamos con extraña mirada a aquellos que rompen con estos esquemas, que tienen su manera peculiar de vivir y que aunque la cultura influya en todos nosotros, se hayan querido apartar de una o varias costumbres. Los vemos como bichos raros.

Por otra parte, todo lo que digo ahora, me sería imposible decirlo o quizás lo expresara de otra forma o no pensara lo mismo, si hubiera nacido  en otro continente o en el siglo pasado o en otra familia. Con ello, quiero decir que cada punto de vista, individual e histórico, está íntimamente relacionado con la cultura. Cada visión del mundo se elabora desde una perspectiva, siempre dependiente esta de la cultura de su origen, que condiciona la mirada y pensamiento ante todo cuanto hay.

Como ya he dicho, soy quien soy por mi cultura. Quiera seguirla o no al pie de la letra, la cultura de la sociedad en la que he nacido es la que me ha dado la bienvenida al mundo y las cosas que conozco son como son por ella también, no solo determina lo que soy, lo que somos. Nuestras creencias, sentimientos, hábitos, costumbres, nuestra forma de cubrir nuestras necesidades… es nuestra cultura. Desde que empieza el día, todo lo que hacemos, nuestra forma de actuar (que al final, no resulta ser otra cosa sino nuestra manera de vivir) está condicionada por nuestra cultura. Da miedo pensar, a veces, cuánta libertad tenemos en realidad, si todo lo que hacemos, va acorde con lo que vemos y se nos transmite. 

La cultura no es otra cosa sino nosotros mismos. Y, volviendo la vista atrás, podemos afirmar que, efectivamente, la cultura es, como dice Montagu: un “ensanchamiento de la vida”. La cultura es aprendida, trasmitida de generación en generación y, pensando en el lenguaje, creo que hemos hecho un gran trabajo. A muchos años de mí queda, pero considero necesario agradecer la excelente transmisión del lenguaje en su origen, ese intento primero por enseñarlo a los demás para poder comunicarnos, desarrollándose en ese esfuerzo más nuestro cerebro. Así que, gracias, por elaborar una importante parte de nuestra cultura en este presente, que ha ido evolucionando de diferentes modos alrededor del mundo entero.

Asimismo, las herramientas, permitieron mayor desarrollo cerebral, y atender mejor nuestras necesidades. Hoy en día, no se trata solo de necesidades primarias, sino de secundarias, de incrementar nuestra comodidad. La evolución de utensilios y herramientas, la tecnología, ha avanzado de manera vertiginosa. Cada nueva generación tiene la posibilidad de incorporar novedades al aprendizaje ya realizado. Por ello, la cultura es una acumulación de conocimientos que no cesa de crecer.

En este sentido,  es necesario que sigamos evolucionando, con el tiempo y con la historia, con los sucesos y descubrimientos acaecidos. Que no muera el afán por desarrollar, ampliar y cambiar la cultura, que no podemos pretender que sea utópica, intocable. Por mucho que queramos acercarnos a nuestras raíces, mucho nos hemos alejado de ellas en lo que a tiempo refiere, por lo que es lógico que no queramos una misma cultura. La cultura de hoy no puede ser la misma que la de ayer, sino que ha de evolucionar con cada generación (a ver si cambia también nuestra aún continua mirada de repulsión al transgresor). Mucho le debemos al pasado y a la cultura primitiva, pero no podemos pretender momificar la cultura, si esta es nuestra vida y, como dice Nietzsche, la vida es devenir.

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