FILOSOFÍA.
Todos podemos ser filósofos. Está claro que para serlo no hay que cumplir un perfil determinado y preciso. Pero si observo la realidad, me podré preguntar, por ejemplo: ¿qué hay después de la muerte? Y ansiaré saberlo. Cavilaré unos cuantos días en las horas muertas, o antes de dormirme. La duda me invadirá y lo más seguro es que reflexione y reflexione hasta que pueda llegar a alcanzar mi propio punto de vista, que no sería nada claro. Y siendo consciente de que si escribo lo que pienso, llegue otro y diga que es mentira, porque es una pregunta que nos hace razonar de manera libre, y como somos diferentes, pues razonaremos de modo distinto. Una semana después de haber pensado en aquel asunto que ya casi parece algo lejano, voy y reparo en que mi respuesta ya no me parece acertada, y añadiré la pregunta a la larga lista de cosas que me quedan por saber y luego, están las otras muchas que no están anotadas pero que igualmente desconozco. Por lo tanto, me contradigo, y me doy cuenta de que para ser filósofo tienes que sentir ganas de conocer el mundo, dudar y ser consciente de la infinitud de cosas que te quedan por saber, y de que nunca estará todo descubierto.
La admiración es anhelo, son las
ganas y la pasión por conocer la realidad que nos rodea. Es ese algo que se sacude dentro de nosotros
cuando se despierta nuestra curiosidad, y de repente, nos vemos involucrados y
llenos de interés.
Mientras tanto, las dudas nos
rodean, nos envuelven, nos corroen, nos empapan. Están en todas partes, mires a
donde mires hay un pregunta que quizá no veas hoy y quizá mañana sí, o quizás,
nunca. Porque aparte de saber que jamás nos preguntaremos a nosotros mismos
todas las preguntas interesantes posibles por formular, está claro nunca
terminaremos de saberlo todo. Nadie. Solo basta saber que el universo es
infinito para darse cuenta de ello.
Por otra parte, el interés y la necesidad
de saber nunca se acabarán por las cuantiosas preguntas abiertas que el mundo y
la realidad, a través de la Filosofía, nos dejan. No me refiero a que haya
preguntas que no puedan ser contestadas. Me refiero a que habrá tantas
contestaciones como personas en el mundo, porque la Filosofía es reflexionar
con libertad.
No menos importante es la consciencia
de la propia ignorancia, pues es característica del verdadero filósofo, que se
verá “cabalgando a caballo entre la ignorancia, de la que es consciente, y la
sabiduría, que no termina de alcanzar”. ¿Cómo iban a entrarle a alguien las
ganas de aprender si piensa que ya lo sabe todo? ¿Cómo alguien que se cree que
lo tiene todo aprendido va a interesarse en preguntarse cosas sobre los
misterios de esta vida? Si ya lo sabe todo… (Y lo que no sabe es lo equivocado
que está). Se ve reflejado todo esto en las palabras de Pitágoras al replicar
ante el rey que él no era sabio “sofos”, sino que era “filósofo”, pues anhelaba
saber.
Para concluir, decir que la admiración,
la duda y la consciencia de la propia ignorancia son tan importantes para la Filosofía
que incluso me atrevería a decir que la definen. Veamos, Filosofía significa
amor a la sabiduría y para amar a la sabiduría es necesario: tener una actitud
que nos disponga a aprender de todo lo que vivimos; es imprescindible la duda,
porque es la que nos impulsa a querer saber; y, es de vital importancia admitir
nuestra gran ignorancia, pues solamente aquel que piensa en la magnitud de
cosas que le quedan por saber puede interesarse y preguntarse por ellas.
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