Esther Serrano Franco 1ºBach. B
Frases que invitan a filosofar: REFLEXIONES
“Los
hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración”
(Aristóteles “Metafísica”)
“La
filosofía es hija del asombro” (Platón)
A veces, cuando cierro los ojos, en
una actitud reflexiva, me siento presocrática. También cuando cada día al salir
de casa, está amaneciendo, y olvido por unos segundos todo lo que la ciencia
nos ha contado, limitándome a admirar probablemente lo más bello que vaya a ver
en todo el día. Entonces, cada presocrático me diría una cosa distinta sobre el
fenómeno natural que yo contemplo, atendiendo a que la filosofía fue, es y será
libre.
Para filosofar hay que empezar a
preguntarse cosas. Y para dudar, para que nos llegue ese ímpetu cargado de
curiosidad, necesitamos admirar. Solo admirando podremos cuestionarnos las
cosas, si admiramos podremos llegar a conocer. Podremos saborear el mundo.
El asombro es el principio de lo
que es un principio más grande: la Filosofía.
“Todos los hombres desean por naturaleza
saber” (Aristóteles “Metafísica”)
El anhelo por aprender es inherente
a la condición humana. Deseamos conocer el mundo que nos rodea desde que
tenemos uso de razón.
“Mamá, ¿por qué es de color azul el
cielo? ¿Qué hay en el universo?”- le preguntaba yo a mi madre a los tres años,
pensando que me daría la explicación exacta como había hecho con muchas otras
cosas. “Mamá, ¿qué hay después de la muerte?”- le preguntaría más tarde,
agobiándola con más preguntas de ese estilo durante largo rato, sin entender
por qué había ciertas preguntas tan misteriosas que además, parecían no serlo
únicamente para mí. “¿Y por qué? ¿Y por qué esto es así y no al contrario?”-
seguiría yo. Entonces ella trata de explicarme que existen preguntas que tienen
muchas respuestas, y que cada persona piensa cosas distintas. Quizá yo era
demasiado pequeña como para entender qué es la filosofía, pero me interesaba
por conocer el mundo, al fin y al cabo. Como todo ser humano.
Si algo anula nuestra capacidad de
querer saber cosas, ya sea por lo cómodos que creamos estar sin reflexionar o
por cualquier otra cosa, preocupémonos, porque estaremos perdiendo nuestra libertad
y dignidad, nos estaríamos autolimitando como personas. Sin preguntar y
preguntarnos cosas, caeríamos en un juego de marionetas, de ignorancia y de conformismo,
asumiendo lo que la mayoría diga, y haciendo todos lo mismo, como un rebaño de
ovejas. No seríamos más que habitantes de papel en ciudades de papel.
“Solo
sé que no sé nada” (Sócrates)
Me siento tan diminuta en un
planeta tan inmenso, el cual está dentro de una galaxia que lo es aún más,
siendo una insignificante parte de un universo cuyo fin está por determinar,
por lo que muchos afirman que es infinito.
Soy una pequeña mota de polvo que
vaga de aquí para allá, haciéndose preguntas y cuestionando sus acciones y sus
fines a diario.
Acerca de la fiabilidad de todo
podemos dudar si somos nosotros los que establecemos qué es cierto y qué no,
porque somos nosotros también los que hemos establecido los criterios para
calificarlo de verdadero o falso. Y aun suponiendo que parte de todo el
aprendizaje que hemos heredado de otras épocas sea certero, considero que estos
conocimientos son tantos que me hacen pensar que quedan por descubrir como
mínimo, el triple, sumado a todo aquello a lo que no podremos acceder por
simple limitación de la condición humana (cosas que no podremos percibir o
razonamientos que nuestra mente no pueda hilar). Todo ello me hace pensar lo ignorante
que soy y seré.
Por supuesto, seguiremos intentando
conocer, seguiremos haciéndonos preguntas y filosofando, a pesar de que si
sabemos algo es lo mucho que no sabemos.
“Todo
cambia, todo fluye, nada permanece” (Heráclito).
Ante
nuestros ojos se presenta la pura ilusión del devenir, siempre constante y
permanente, pues sigue siendo la Esencia
de las cosas, un verdadero misterio.
Todo cambia...
Pero, ¿qué
ocurre con la regularidad de los
fenómenos naturales? ¿Qué ocurre con lo que en apariencia no cambia, con lo que
superficialmente percibimos y nos parece que es lo mismo? (La salida del Sol
cada mañana y de la Luna cada noche, por ejemplo).
Igual que
no soy yo la misma que era ayer, el cielo de hoy tampoco es el mismo de ayer: a
la naturaleza le agrada ocultarse.
“Toda Filosofía no es otra cosa que la compleja respuesta
a esta sencilla pregunta: ¿qué son las cosas?; pregunta que puede sustituirse
por otra: ¿qué es lo que constituye la naturaleza de las cosas? (Raimundo
Panikkar “El concepto de naturaleza”)
No podremos
acusar a la filosofía de egoísta, pues se preocupa por absolutamente todo. Por
toda la realidad: el mundo que nos rodea, nosotros mismos, la sociedad, la
justicia, la felicidad, los principios éticos, la ciencia, y un largo etcétera,
porque la realidad abarca millones de asuntos, dilemas, cuestiones. La
filosofía ofrece tanto como queramos buscar e indagar nosotros. Por lo que si
se supone que nuestro anhelo por saber nunca acaba, podríamos decir que la
filosofía es infinita.
La Esencia,
lo permanente. De ello ha hablado desde sus orígenes la filosofía, por boca de
presocráticos que proponían el origen de las cosas (agua, aire, números…) y nos
decían; por ejemplo, que el devenir y los cambios en la naturaleza son
aparentes, tan solo una ilusión, porque a la naturaleza le agrada ocultarse. La
naturaleza esconde su Ser, su Esencia. En la realidad siempre hay un Algo con A
mayúscula, que permanece, y que es un gran misterio y por ello lo persigue la
filosofía.
“Defiende
tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no
pensar” (Hipatia de Alejandría)
Incluso darle vueltas a un
razonamiento que es correcto a medias es preferible a no darle vueltas a nada.
Pensar de manera errónea.
Equivocarse. Tropezar por el camino. Todo ello demuestra ser personas. Cometer
errores es vital para aprender y equivocarse es un derecho que todo aventurero
tiene cuando emprende el camino del aprendizaje. Cuidado con quien es escéptico
de modo extremo, que acaba no afirmando ni negando nada para no caer en el
error. Podría dejar de pensar para evitar equivocarse a toda costa, sin darse
cuenta que es mayor la desgracia de no pensar que la de errar, que no lo es.
Que no nos arrebaten el derecho a
pensar, porque lo habremos perdido todo. Defender tu derecho a pensar es
defender tu derecho a la libertad, pues el razonamiento nos hace libres. ¿Y qué
es usar la razón, si no es filosofía? La filosofía nos permite usar la razón, haciendo
hombres libres, que no se dejen embaucar.
“La
filosofía es por esencia la ciencia de los verdaderos principios, de los
orígenes, de la raíz de todas las cosas” (Husserl “La filosofía como ciencia
estricta”).
El origen de la filosofía supuso el
inicio del uso de la razón, el famosísimo paso del mito al logos, en el que nos
alejamos de la fantasía para explicar la realidad, conservando el anhelo de
aprender sobre el mundo (como siempre ocurrirá) y queriendo que nuestros
conocimientos sean certeros, por lo que comenzó a hacerse un esfuerzo racional.
¿Qué hay de los filósofos presocráticos?
Nos asombran. Establecieron curiosos orígenes de la materia, y entendiendo
ciencia y filosofía como una sola cosa, nos dejan el teorema de Tales, el
teorema de Pitágoras… ¡las bases de las matemáticas! ¡Incluso entonces
Demócrito de Abdera fue el primero en decir que todo está compuesto por átomos!
Nos dejan lo que hoy son nuestros cimientos. Y me aventuro a imaginar qué
seríamos sin ellos, y solo tengo claro que: seríamos muy distintos a lo que
somos hoy.
La filosofía es la única ciencia
que se preocupa por la realidad entera. Quiere estudiar todo, preguntarse por
todo e interconectar unas cosas con otras. La filosofía no delimita, sino que
amplía, sin cerrar las puertas a nada, ni discriminando a ningún ámbito de la
realidad.
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