miércoles, 2 de septiembre de 2020

REFLEXIONES A PARTIR DE FRASES DE FILÓSOFOS

 Esther Serrano Franco 1ºBach. B

Frases que invitan a filosofar: REFLEXIONES

“Los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración” (Aristóteles “Metafísica”)

“La filosofía es hija del asombro” (Platón)

A veces, cuando cierro los ojos, en una actitud reflexiva, me siento presocrática. También cuando cada día al salir de casa, está amaneciendo, y olvido por unos segundos todo lo que la ciencia nos ha contado, limitándome a admirar probablemente lo más bello que vaya a ver en todo el día. Entonces, cada presocrático me diría una cosa distinta sobre el fenómeno natural que yo contemplo, atendiendo a que la filosofía fue, es y será libre.

Para filosofar hay que empezar a preguntarse cosas. Y para dudar, para que nos llegue ese ímpetu cargado de curiosidad, necesitamos admirar. Solo admirando podremos cuestionarnos las cosas, si admiramos podremos llegar a conocer. Podremos saborear el mundo.

El asombro es el principio de lo que es un principio más grande: la Filosofía.

 

 “Todos los hombres desean por naturaleza saber” (Aristóteles “Metafísica”)

El anhelo por aprender es inherente a la condición humana. Deseamos conocer el mundo que nos rodea desde que tenemos uso de razón.

“Mamá, ¿por qué es de color azul el cielo? ¿Qué hay en el universo?”- le preguntaba yo a mi madre a los tres años, pensando que me daría la explicación exacta como había hecho con muchas otras cosas. “Mamá, ¿qué hay después de la muerte?”- le preguntaría más tarde, agobiándola con más preguntas de ese estilo durante largo rato, sin entender por qué había ciertas preguntas tan misteriosas que además, parecían no serlo únicamente para mí. “¿Y por qué? ¿Y por qué esto es así y no al contrario?”- seguiría yo. Entonces ella trata de explicarme que existen preguntas que tienen muchas respuestas, y que cada persona piensa cosas distintas. Quizá yo era demasiado pequeña como para entender qué es la filosofía, pero me interesaba por conocer el mundo, al fin y al cabo. Como todo ser humano.

Si algo anula nuestra capacidad de querer saber cosas, ya sea por lo cómodos que creamos estar sin reflexionar o por cualquier otra cosa, preocupémonos, porque estaremos perdiendo nuestra libertad y dignidad, nos estaríamos autolimitando como personas. Sin preguntar y preguntarnos cosas, caeríamos en un juego de marionetas, de ignorancia y de conformismo, asumiendo lo que la mayoría diga, y haciendo todos lo mismo, como un rebaño de ovejas. No seríamos más que habitantes de papel en ciudades de papel.

 

“Solo sé que no sé nada” (Sócrates)

Me siento tan diminuta en un planeta tan inmenso, el cual está dentro de una galaxia que lo es aún más, siendo una insignificante parte de un universo cuyo fin está por determinar, por lo que muchos afirman que es infinito.

Soy una pequeña mota de polvo que vaga de aquí para allá, haciéndose preguntas y cuestionando sus acciones y sus fines a diario.

Acerca de la fiabilidad de todo podemos dudar si somos nosotros los que establecemos qué es cierto y qué no, porque somos nosotros también los que hemos establecido los criterios para calificarlo de verdadero o falso. Y aun suponiendo que parte de todo el aprendizaje que hemos heredado de otras épocas sea certero, considero que estos conocimientos son tantos que me hacen pensar que quedan por descubrir como mínimo, el triple, sumado a todo aquello a lo que no podremos acceder por simple limitación de la condición humana (cosas que no podremos percibir o razonamientos que nuestra mente no pueda hilar). Todo ello me hace pensar lo ignorante que soy y seré.

Por supuesto, seguiremos intentando conocer, seguiremos haciéndonos preguntas y filosofando, a pesar de que si sabemos algo es lo mucho que no sabemos.

 

“Todo cambia, todo fluye, nada permanece” (Heráclito).

Ante nuestros ojos se presenta la pura ilusión del devenir, siempre constante y permanente,  pues sigue siendo la Esencia de las cosas, un verdadero misterio.

Todo cambia...

Pero, ¿qué ocurre  con la regularidad de los fenómenos naturales? ¿Qué ocurre con lo que en apariencia no cambia, con lo que superficialmente percibimos y nos parece que es lo mismo? (La salida del Sol cada mañana y de la Luna cada noche, por ejemplo).

Igual que no soy yo la misma que era ayer, el cielo de hoy tampoco es el mismo de ayer: a la naturaleza le agrada ocultarse.

 

“Toda Filosofía no es otra cosa que la compleja respuesta a esta sencilla pregunta: ¿qué son las cosas?; pregunta que puede sustituirse por otra: ¿qué es lo que constituye la naturaleza de las cosas? (Raimundo Panikkar “El concepto de naturaleza”)

No podremos acusar a la filosofía de egoísta, pues se preocupa por absolutamente todo. Por toda la realidad: el mundo que nos rodea, nosotros mismos, la sociedad, la justicia, la felicidad, los principios éticos, la ciencia, y un largo etcétera, porque la realidad abarca millones de asuntos, dilemas, cuestiones. La filosofía ofrece tanto como queramos buscar e indagar nosotros. Por lo que si se supone que nuestro anhelo por saber nunca acaba, podríamos decir que la filosofía es infinita.

La Esencia, lo permanente. De ello ha hablado desde sus orígenes la filosofía, por boca de presocráticos que proponían el origen de las cosas (agua, aire, números…) y nos decían; por ejemplo, que el devenir y los cambios en la naturaleza son aparentes, tan solo una ilusión, porque a la naturaleza le agrada ocultarse. La naturaleza esconde su Ser, su Esencia. En la realidad siempre hay un Algo con A mayúscula, que permanece, y que es un gran misterio y por ello lo persigue la filosofía.

 

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar” (Hipatia de Alejandría)

Incluso darle vueltas a un razonamiento que es correcto a medias es preferible a no darle vueltas a nada.

Pensar de manera errónea. Equivocarse. Tropezar por el camino. Todo ello demuestra ser personas. Cometer errores es vital para aprender y equivocarse es un derecho que todo aventurero tiene cuando emprende el camino del aprendizaje. Cuidado con quien es escéptico de modo extremo, que acaba no afirmando ni negando nada para no caer en el error. Podría dejar de pensar para evitar equivocarse a toda costa, sin darse cuenta que es mayor la desgracia de no pensar que la de errar, que no lo es.

Que no nos arrebaten el derecho a pensar, porque lo habremos perdido todo. Defender tu derecho a pensar es defender tu derecho a la libertad, pues el razonamiento nos hace libres. ¿Y qué es usar la razón, si no es filosofía? La filosofía nos permite usar la razón, haciendo hombres libres, que no se dejen embaucar.

 

“La filosofía es por esencia la ciencia de los verdaderos principios, de los orígenes, de la raíz de todas las cosas” (Husserl “La filosofía como ciencia estricta”).

El origen de la filosofía supuso el inicio del uso de la razón, el famosísimo paso del mito al logos, en el que nos alejamos de la fantasía para explicar la realidad, conservando el anhelo de aprender sobre el mundo (como siempre ocurrirá) y queriendo que nuestros conocimientos sean certeros, por lo que comenzó a hacerse un esfuerzo racional.

¿Qué hay de los filósofos presocráticos? Nos asombran. Establecieron curiosos orígenes de la materia, y entendiendo ciencia y filosofía como una sola cosa, nos dejan el teorema de Tales, el teorema de Pitágoras… ¡las bases de las matemáticas! ¡Incluso entonces Demócrito de Abdera fue el primero en decir que todo está compuesto por átomos! Nos dejan lo que hoy son nuestros cimientos. Y me aventuro a imaginar qué seríamos sin ellos, y solo tengo claro que: seríamos muy distintos a lo que somos hoy.

La filosofía es la única ciencia que se preocupa por la realidad entera. Quiere estudiar todo, preguntarse por todo e interconectar unas cosas con otras. La filosofía no delimita, sino que amplía, sin cerrar las puertas a nada, ni discriminando a ningún ámbito de la realidad.

 

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