Mostrando entradas con la etiqueta Platón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Platón. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de agosto de 2020

FILO EXAMEN JUNIO 2013 PLATÓN

FILO EXAMEN JUNIO 2013 PLATÓN 

CUESTIONES:

1. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor.

A continuación comentaremos un fragmento del Libro VI de la obra ‘La República’ de Platón. En el texto el autor nos habla de la Idea del Bien (tema) y de que su función es semejante a la del Sol del mundo sensible (tesis).

A través de una estructura argumentativa, Platón se pregunta: ¿cuál es la función del Bien? ¿Está el Bien por encima de la verdad y del conocimiento?

Al comienzo explica que es la Idea del Bien la que proporciona la autenticidad a los objetos del conocimiento (línea 1), es decir, a las Ideas; así como brinda la facultad cognoscitiva al que conoce (primer argumento), por lo que tiene una función epistemológica. Por eso debemos concebir al Bien como objeto único, el medio por excelencia y el fin último del conocimiento (segundo argumento).

De este modo, el Bien es causa de la ciencia y de la verdad (línea 3); por lo que estaremos en lo cierto al considerar al Bien como otra cosa distinta y más hermosa que ellas (línea 5, tercer argumento).

En la conclusión (l.5-10), Platón se vale de una comparación entre el Sol en el mundo sensible y la Idea del Bien: hay una relación asociativa entre Sol, visión y luz; pero siendo el Sol causa de la visión y de la luz, sería incorrecto afirmar que son lo mismo. De esta misma manera, verdad y conocimiento son semejantes al Bien (línea 8), pero sería un error identificarlos con la Idea de Bien, a cuya naturaleza se le debe una consideración mucho mayor (líneas 9 y 10). Esto es: la Idea de Bien está por encima, es superior a la verdad y al conocimiento.

2. Define el término ‘idea del bien’, partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor.

La Idea del Bien aparece nombrada por primera vez en la línea 2, y es definida como aquello que proporciona la verdad, la esencia a los objetos del conocimiento –las Ideas- (función ontológica) y la facultad cognoscitiva al sujeto que aprende (función epistemológica). Esta Idea es el fin del conocimiento y es causa de este y de la verdad, por lo que es distinto y más perfecto que estos, motivo por el cual se le debe una mayor consideración.

La Idea de Bien es la Idea suprema, que gobierna el mundo de las Ideas. Platón la compara con el Sol, ya que al igual que este en la realidad sensible, posibilita la existencia y la visión de cuanto hay en su mundo. Por eso conociendo la Idea de Bien, puedo contemplar el resto de Ideas y alcanzar un conocimiento global.

Por otro lado, la Idea de Bien tiene una función práctica en los campos de la ética y en el de la política. Si se posee el conocimiento de esta Idea, serán mayores el criterio y la capacidad para orientar un Estado o la propia vida rectamente, de manera adecuada.

Además, la Idea de Bien es un principio unificador de las Ideas del mundo inteligible, y estas, lo son a su vez del mundo sensible. También es la causa de orden de todo el cosmos, tanto inteligible como sensible. Todo tiende a asemejarse a la Idea de Bien, ya que las Ideas la imitan de modo perfecto –en el cosmos inteligible- y el cosmos sensible la imita de modo indirecto, al copiar de manera imperfecta a las Ideas.

3. Redacción: la teoría de las Ideas.

¿Existe una realidad oculta a los sentidos? Y si existiera esa realidad inmaterial, ¿es posible que lo que encontremos en ella sea más real que aquello que percibimos con nuestra propia vista en la realidad visible? En caso afirmativo, ¿por qué? A continuación se responderán a estas preguntas a través de la teoría de las Ideas de Platón. Primero se hablará de lo que él llama mundo inteligible y después del sensible y de la relación entre ambas esferas.

 

Platón afirma la existencia de dos realidades: el mundo inteligible y el sensible. Del primero podemos obtener conocimiento real (episteme), pero del segundo solo opinión (doxa). Defiende  así un dualismo ontológico y epistemológico.

El mundo inteligible al que acabamos de referirnos es el mundo de las Ideas, el mundo de la autenticidad, de lo estable, de lo permanente. Las Ideas que lo habitan son realidades inteligibles   –accesibles solo a la inteligencia y ocultas a los sentidos- que tienen una función fundamental: son el principio unificador de la multiplicidad de cosas sensibles. Por ejemplo: encontramos muchísimas cosas bellas, que existen porque imitan cada una a su modo la misma y única Idea de Belleza. Vemos de este modo que lo sensible depende ontológicamente de las Ideas, las cuales constituyen su esencia (‘aquello que es’, lo que no cambia jamás).

Las Ideas del mundo inteligible son más reales que cualquier cosa que podamos percibir con los sentidos en el mundo físico. Esto es así porque en contraposición a lo sensible, las Ideas no están sometidas al devenir –son inmutables, inalterables-, no nacen ni perecen –son ingénitas, eternas, trascendentes-; son perfectas.

Como ya hemos dicho, las Ideas son inteligibles. Conocerlas significa obtener conocimiento verdadero (episteme). Platón nos explica mediante su teoría de la reminiscencia que el alma ya posee nociones innatas de las Ideas, porque las ha contemplado; lo que ocurre es que al reencarnarse en otro cuerpo, dichas nociones se tornan confusas, y para que se aclaren se necesita de un buen educador que nos oriente a la contemplación de las Ideas. Por eso, para Platón, aprender es recordar.

Ahora bien, ¿de qué cosas hay Ideas? ¿Son todas ellas iguales?

Existen Ideas de todos los valores éticos y estéticos, de los objetos fabricados, de todos los seres vivos e inertes. Pero no existen Ideas de valores bajos o cosas imperfectas como la fealdad. Así, justificamos la existencia de cosas feas en el mundo sensible por carencia de Belleza en sí o por copiar de modo deformado a la Idea de Belleza. Esto es aplicable a todas las cosas imperfectas que podamos observar.

Tampoco hay Idea de verdad, ya que esta es la visión correcta de la realidad, es decir: la visión correcta de las Ideas.

Con respecto a la segunda pregunta previamente formulada: no, no todas las Ideas son iguales, pues hay una Idea suprema. Es la Idea de Bien, que gobierna el mundo de las Ideas. Platón la compara con el Sol (‘República’, Libro VI), ya que tiene la misma función que este en el mundo sensible: la Idea de Bien da luz, alumbra a las demás Ideas; y al igual que el astro, hace posible la existencia de cuanto hay en su mundo, ya que es la esencia de todas las Ideas, que causa su perfección y existencia. Las Ideas son lo que son porque participan de la Idea de Bien, dependen de ella ontológicamente.

Además, el Bien tiene una función práctica, en el campo de la política y el de la ética, ya que quien la conozca será capaz de gobernar tanto un Estado como su propia vida de manera correcta.

El Bien es el principio unificador de la pluralidad de Ideas, y estas lo son a su vez de la multiplicidad sensible.  El Bien es el modelo último al que todo cosmos apunta. El cosmos inteligible lo imita de forma perfecta y el sensible lo copia (de modo indirecto, copiando a las Ideas) de modo imperfecto.

¿Hay solo Ideas en el mundo inteligible? No, pues hay también entes matemáticos, que son perfectos e ideales, pero ontológicamente inferiores a las Ideas. De ellos no podemos obtener episteme, sino dianoia (pensamiento deductivo), pues las matemáticas parten de hipótesis que no cuestionan, y a partir de ellas elaboran las deducciones matemáticas; y además, toman como herramientas objetos imperfectos del mundo sensible (por ejemplo: el dibujo de un círculo que imita al círculo perfecto inteligible). Las matemáticas son fundamentales porque preparan la mente para la contemplación de las Ideas.

Así, Platón divide el mundo inteligible en: Ideas o inteligibles superiores y entes matemáticos o inteligibles inferiores.

En cuanto a nuestro mundo sensible, es el mundo del devenir, de la inestabilidad, de las apariencias, de lo múltiple, de lo impermanente… Es un nivel de realidad inferior.

Las cosas de este mundo son percibidas por los sentidos, no por la inteligencia y están sometidas al cambio –están dejando de ser algo para convertirse en otra cosa que aún no son-, por lo que de ellas no podemos obtener conocimiento real, tan solo opinión (doxa). Este devenir está a medio camino entre lo estable –de lo que obtenemos verdadero conocimiento- y la nada –ante lo que solo cabe la ignorancia-.

Sin embargo, las opiniones verdaderas no dejan de ser cierto tipo de saber, pues al constituir las Ideas la esencia de lo sensible, las opiniones nos acercan al mundo inteligible. Y si por ejemplo, conocemos la Idea de Justicia, nuestras opiniones en el mundo sensible sobre las cosas justas serían más válidas.

Por otra parte, también este mundo está subdividido: no solo existen los seres y objetos naturales o artificiales de los que obtenemos opinión, sino que en este mundo tienen cabida también sus sombras, que los copian, los imitan. Son meras apariencias; lo que Platón llama imágenes, que corresponden a un grado de saber más oscuro, inferior a la opinión: la imaginación.

Y esta realidad sensible, ¿de dónde procede?

Platón respondería valiéndose de este mito: una inteligencia suprema –el Demiurgo- que utilizó como modelo el mundo perfecto de las Ideas para crear el nuestro. Su intención era hacer lo más bello e ideal, por eso utilizó ese modelo. No obstante, la materia en la que plasmó el modelo era caótica, móvil y amorfa. Esa materia sería, entonces, la causa de la imperfección de nuestro mundo.

Así Platón explica la existencia de nuestro mundo como un plan racional e inteligente. Gracias al mundo inteligible, el nuestro posee cierta consistencia ontológica y es parcialmente cognoscible.

 

En conclusión, Platón defiende un dualismo ontológico y epistemológico que se da entre el mundo inteligible (del que podemos obtener verdadero conocimiento o episteme) y el  mundo sensible (del que solo obtenemos opinión o doxa). El primero se divide en Ideas o inteligibles superiores, y en objetos matemáticos o inteligibles inferiores. El segundo es el mundo de las apariencias, del devenir, compuesto por las múltiples cosas sensibles, cuya esencia son las Ideas –inmutables, ingénitas, imperecederas, perfectas-. En la cima de la jerarquía de Ideas está la Idea de Bien, que posibilita la existencia, perfección y visión del resto de Ideas.

Con este dualismo que hemos visto, Platón no pretendía reflejar un sentido teleológico. Y, sin embargo, parece que la abrió las puertas al cristianismo. ¿Qué diría si supiera de las interpretaciones religiosas que hizo Agustín de Hipona –en la Edad Media- de sus teorías?

4. Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del autor del texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por su relación con otros filósofos, con los hechos históricos relevantes (especialmente si son coetáneos del autor o tienen relación con su vida) o con rasgos significativos del mundo contemporáneo.

A continuación pondremos en relación la teoría del filósofo-gobernante de Platón con la política actual, llegando a la conclusión de que hoy en día, no se cumple.

Platón nos propone esta teoría aplicando a la política el intelectualismo moral socrático. Su planteamiento es el siguiente: nadie que sepa qué es la Justicia en sí, obra mal a sabiendas. Por tanto, el futuro filósofo-gobernante, debe ser una persona que con esfuerzo, haya logrado conocer la Idea de Justicia. De este modo, sus criterios para discernir qué es justo y qué no, serían válidos; y estaría preparado para conducir rectamente tanto un Estado como su propia vida, subordinando la ética a la política.

En contraste con esta idílica forma de gobernar, encontramos el presente. Los políticos actuales se acercan más a la idea que Platón tenía sobre los sofistas –embaucadores, elocuentes, grandes artistas de la oratoria, personas en busca de éxito y poder, etc.-, a los que tanto criticaba; por lo que podríamos decir que estaría descontento con la política actual, porque no se encontraría con filósofos-gobernantes ni con un Estado en el que la ética se tenga siempre en cuenta–pues lo que reina hoy es la búsqueda de poder y el individualismo-. Nuestros políticos no van en busca de la esencia de la Justicia y pueden llegar a gobernar sin haberla aprehendido. ¿Para qué molestarse en aprehenderla, si resulta que, al fin y al cabo, gobernar con Justicia no es un requisito para ser político?

DISERTACIÓN INFLUENCIAS FILOSÓFICAS EN PLATÓN

 

DISERTACIÓN INFLUENCIAS FILOSÓFICAS EN PLATÓN

Nuestro mundo es un todo, un todo que cambia. El día pasa a ser noche y todo lo vivo muere. ¿Podemos extraer de este mundo sensible conocimiento verdadero? ¿Es eso posible? Independientemente de la respuesta, hablando simplemente de alcanzar la verdad: ¿Cuál sería la vía para alcanzarla? Y esa verdad, hablando de una verdad auténtica, que no da cabida a duda alguna: ¿es relativa o absoluta?

Por último, cambiando de tema, yéndonos a lo político: ¿cómo debe de ser el perfecto gobernante? Queremos que sea justo, pero ¿cómo asegurarnos de eso?

 

A continuación expondremos primero algunos aspectos en los que Platón discernía con los sofistas, a continuación hablaremos de las influencias filosóficas de Parménides y de los pitagóricos, para explicar después qué idea compartía con Heráclito y cuál no. Cerraremos después el tema abierto al principio (sobre los sofistas), dejando para el final la influencia socrática en Platón.

Platón estaba totalmente en desacuerdo con la política ateniense de su época, así como con la que proponían los sofistas. El empirismo político sofista tomaba por justo lo que la mayoría considerara como tal. Para Platón esto era como si un médico recetase a un paciente lo que le pide, no lo que realmente necesita. Así mismo, estaba en desacuerdo con su forma de educar, ya que consistía en formar a ciudadanos que aspirasen a tener éxito social o en política mediante el arte de la palabra. Muchos de ellos presumían de convencer a alguien de una cosa y luego, de lo opuesto. ¿Cómo iban a surgir así políticos que supieran gobernar con JUSTICIA?

Pero es que además, los sofistas pensaban que “lo mismo es ser y parecer” y que “todo conocimiento es simple opinión”. Esto contraría a Platón, que aprehendió del filósofo presocrático Parménides justo lo contrario:

Parménides distingue dos vías de conocimiento: la de la Verdad y la de la opinión. La primera la protagoniza la razón, mediante la cual podremos conocer la realidad auténtica: captar el SER de las cosas, aquello que permanece eterno e inmutable. (Ese Ser equivale a las Ideas de Platón). La segunda vía la protagonizan los sentidos; y al tratarse del mundo sensible, cambiante, solo podremos extraer opiniones. La verdad no cambia, pero lo que percibimos con nuestros sentidos, sí.

¿Alguien más menospreciando los sentidos? Sí, los pitagóricos, cuyas ideologías aceptó Platón.

Como hemos dicho, los pitagóricos tenían ese mismo punto de vista sobre el conocimiento sensible. Ellos pensaban que para conocer la realidad debíamos servirnos del razonamiento matemático. Las matemáticas eran fundamentales para ellos (y para Platón), pues consideraban que los números constituían la esencia de todo, esencia a la que debía acceder el alma para liberarse de la cárcel que el cuerpo era para ella. ¿Pero cómo lograr eso? La respuesta es: aprendiendo matemáticas y filosofía.

Tras sucesivas reencarnaciones y con un buen maestro y orientador, el alma podría liberarse, recordando lo que había aprendido en su vida anterior. Por eso Platón dice que aprender es recordar.

Por otro lado; ¿podemos acceder a esa esencia de la realidad fijándonos en la naturaleza, en las leyes que la rigen? Platón nos dirá que no (pues la naturaleza pertenece al mundo sensible), en contraposición a Heráclito, del que solo aceptará la que “todas las cosas están en movimiento y nada está fijo”.

Otros pensadores que nos hablan de cambios son los sofistas, de quienes ya hemos dejado claro que sus ideas distaban mucho de las de Platón, y por ende, de las de su maestro Sócrates (de quien más influencias recogió).

Los sofistas afirman que toda verdad cambia al ser relativa (lo mismo ocurre con la justicia, el mal…) y que sería imposible conocerla mediante la razón humana (escepticismo).

Sócrates nos dice que lo que son relativas son las opiniones acerca de la verdad, pero no la verdad; que fue, es y será siempre la misma. Platón hereda esta concepción absolutista de la verdad y de los valores morales.

Esta verdad absoluta puede ser buscada a través de la razón y del lenguaje. He aquí el método educativo socrático: la dialéctica, que consta de dos fases.

En la primera (ironía), se bombardea a preguntas al discípulo y ante sus respuestas irreflexivas, reconocerá su ignorancia. Entonces ya está listo para conocer la verdad (fase mayéutica), con mucho esfuerzo y reflexionando, con un buen orientador. Esa verdad inmutable se ha de formular con una definición universal, que exprese la esencia permanente de cualquier realidad (como la Idea de Justicia en sí frente a una acción justa).

Hablando de justicia, podemos explicar el intelectualismo moral de Sócrates, que Platón aplicó a la política:

Una persona justa no puede serlo si no conoce la esencia de justicia. Por eso Platón dice que solo los filósofos pueden ser gobernantes perfectos, ya que han alcanzado la Idea de Justicia y pueden afirmar qué se acerca o se aleja de ella en el mundo sensible. Queda la ética subordinada a la política.

 

En conclusión, quien más influenció a Platón fue Sócrates, que estaba tan en contra como él de los sofistas y que iba en busca de las definiciones universales y eternas para comprender la realidad. Además, ambos creían que la verdad era única y absoluta y confiaban en un método educativo más interactivo que el sofista (a través del diálogo).

El desprecio del cuerpo, la liberación del alma al aprender, las matemáticas… son el legado de los pitagóricos para Platón; así como la vía de la razón para conocer, en lo que Parménides también está de acuerdo.

De este último recoge la idea del Ser (Ideas), lo inmutable, ingénito e imperecedero de la realidad, el conocimiento verdadero.

FILO PREGUNTAS 4 EBAU: Platón, Descartes y Nietzsche


FILO PREGUNTAS 4 EBAU: Platón, Descartes y Nietzsche

 Heráclito, Parménides y Platón

Platón aprendió mucho de los filósofos presocráticos.

A pesar de que acepta de Heráclito la idea de que en el mundo físico ‘todo cambia y nada permanece’, sostiene que precisamente por eso es imposible obtener conocimiento verdadero de la realidad material y cambiante.

Por otro lado, simpatiza más con Parménides de Elea; ya que acepta de él la oposición entre conocimiento engañoso que ofrecen los sentidos y conocimiento verdadero que proporciona la razón. Podemos considerar su vía de la Verdad y de la opinión un antecedente a la distinción platónica entre conocimiento auténtico sobre la realidad inteligible (episteme) y opinión sobre el mundo aparente y sensible (doxa).

Además, las Ideas platónicas son como el Ser de Parménides: son la esencia de las cosas, y por tanto, eternas e inmutables. Por último, ambos comparten una concepción absolutista de la Verdad.

Relación con hechos históricos relevantes

El periodo en que vivió Descartes (siglo XVII) es una época de profundos cambios sociales e históricos. A continuación señalaremos dos acontecimientos que dejaron huella en Descartes: las guerras de la religión europeas y la condena a Galileo.

En cuanto a las guerras, la Reforma Protestante de Lutero y la subsiguiente Contrarreforma católica, desembocaron en conflictos bélicos entre países protestantes y católicos en Europa. Descartes participó en la Guerra de los Treinta Años, primero en el bando protestante y después en el católico, reflejando así la actitud de duda y crisis propia del siglo XVII.

Por otro lado, conoció la condena de Galileo Galilei (1633) por la Santa Inquisición, por defender el movimiento terrestre. Por eso no publicó en ese momento su obra ‘Tratado del mundo y de la luz’, en la que exponía su concepción mecanicista del mundo y defendía la tesis galileana.

Schopenhauer y su influencia en Nietzsche

Schopenhauer y Nietzsche parten de un mismo principio: voluntad de vivir (voluntad de poder en la filosofía nietzscheana). Es un impulso ciego que lucha por autoafirmarse.

Por un lado, Schopenhauer ve esta voluntad de vivir como un impulso egoísta, como un cúmulo de crueldad y codicia; por lo que la solución sería convertirnos en seres sin deseo, renunciando a los instintos.

Esta propuesta para Nietzsche significa negar la vida, al renunciar a aquello que es natural en el ser humano (los instintos) y que debería potenciarse para crecer. Por eso toma la voluntad de vivir y, en contraposición a Schopenhauer, manifiesta la necesidad de su realización práctica, diciendo ‘sí’ a la vida.

FILO EBAU JUNIO 2019 PLATÓN

FILO EBAU JUNIO 2019 PLATÓN

 1/ A continuación comentaremos un fragmento del Libro VII de ‘La República’ de Platón.

El texto habla de política y educación (tema) y defiende la necesidad de conocer la Idea de Bien para gobernar bien (tesis).

A través de una estructura argumentativa, en forma de diálogo, el autor nos conduce hasta su conclusión:

Comienza Sócrates diciendo quiénes no son aptos para gobernar bien una ciudad: ‘ni los ineducados’ (línea 1, primer argumento), ‘ni tampoco aquellos a los que se les permite seguir estudiando hasta el fin’ (línea 3, segundo argumento). Los primeros porque no tienen presente el objetivo de gobernar ni su vida ni la sociedad justamente; y los segundos porque ‘teniéndose por transportados en vida a las islas de los bienaventurados’ no se implicarán para compartir su conocimiento con los demás y mejorar la sociedad.

Por eso, se debería forzar a aquellos que ‘lleguen al conocimiento del cual decíamos antes que era el más excelso’ (línea 9, tercer argumento), esto es, a aquellos que han contemplado la Idea de Bien; que tras este ascenso dialéctico, realizaran el descenso dialéctico.

Este descenso dialéctico queda plasmado en la conclusión (líneas 13 y 14): ‘bajar de nuevo’. Eso sería lo que deberían hacer los conocedores de la Idea de Bien, para situarse ‘junto a aquellos prisioneros’ y gobernar justamente, de acuerdo a la armonía aprehendida en la Idea de Bien. Los prisioneros son una metáfora de aquellos que viven en el mundo de las apariencias, ignorantes y conformes con su ignorancia. El buen filósofo-gobernante debería ayudarlos.

2/ El término ‘conocimiento’ aparece por primera vez en el texto en la línea 9: ‘obligar a las mejores naturalezas a que lleguen al conocimiento del cual decíamos antes que era el más excelso…’.

Platón distingue diferentes niveles de conocimiento: el conocimiento auténtico (episteme) y la opinión (doxa).

La episteme es el nivel superior del conocimiento, el saber acerca del mundo de las Ideas. Es claro, verdadero, objetivo y no relativo, su fuente es la inteligencia, y no los sentidos. Para alcanzar el conocimiento de lo auténticamente real (las Ideas) habrá que dirigir nuestra alma hacia la esfera de lo inmaterial y abstracto. Para ello es necesario una educación primero basada en las matemáticas (de las que obtenemos un grado de conocimiento inferior que de las Ideas: dianoia, pensamiento abstracto) y finalmente, en la dialéctica (para conocer las Ideas, de las que obtenemos conocimiento en sentido estricto o noesis).

La opinión o doxa es un grado de saber inferior a la episteme; el saber acerca de la realidad sensible y material. Es un saber oscuro, confuso, poco fiable, relatico y cambiante, y su fuente son los sentidos, que son engañosos. El saber acerca de las cosas sensibles, sin embargo, nos acerca al mundo inteligible en cuanto a que aquellas son copias de las Ideas.

Platón defiende un innatismo del conocimiento: en el alma de cada ser humano existen, desde el momento de su nacimiento, ciertos conocimientos y nociones innatas sobre las Ideas, pero son conocimientos oscuros y confusos que solo pueden cobrar claridad mediante una educación adecuada que nos encamine a la contemplación directa de las Ideas.

3/ Teoría de la educación

¿Qué es realmente educar? ¿Para qué educar? ¿Qué fines debe perseguir la educación y cuál es la mejor manera de alcanzarlos? ¿Qué diferencia hay entre instruir y educar? ¿Basta el conocimiento para educar integralmente a la persona, también en su faceta moral? ¿Qué relación tiene la educación con la política en la filosofía de Platón? ¿Hasta qué punto la teoría de la educación de Platón se contradice con la de los sofistas? ¿Cuál es la educación que debería recibir el filósofo gobernante? ¿De qué manera influyó Sócrates en su concepción de la educación? A continuación abordaremos la teoría platónica de la educación partiendo del mito de la caverna hasta llegar a su propuesta política.

 

Platón solía recurrir a mitos para explicar mejor su pensamiento. Así encontramos el mito de la caverna, con el cual nos enseña qué es la educación. Comienza con una caverna oscura, en la que los prisioneros, encadenados, no pueden mirar más que una pared en la que se proyectan las sombras de las cosas. La caverna simboliza el mundo sensible y el exterior es el inteligible. Entonces, se libera, a la fuerza, a un prisionero que sale de la caverna y queda deslumbrado por la luz del exterior, del mundo de las Ideas. Acostumbrado a no contemplar nada más que sombras, necesita un tiempo para acostumbrarse y que la luz no le ciegue, para poder contemplar aquellos objetos de los que antes solo podía conocer sus imperfectas sombras (estos son las Ideas, objetos del auténtico conocimiento). Así, a través de la razón, con un gran esfuerzo y la orientación de un buen maestro, el prisionero liberado va subiendo poco a poco una escarpada cuesta que simboliza el costoso proceso educativo. Este ascenso dialéctico concluye cuando se llega a la Idea de Bien, que alumbra a las demás Ideas y posibilita su conocimiento. El conocimiento de la Idea de Bien es el conocimiento global de todas las Ideas.

¿Qué sería lícito que hiciera el prisionero liberado una vez ha aprehendido las Ideas de Justicia y Bien? Lo lícito sería que volviera a la caverna (descenso dialéctico), al mundo de las sombras, para liberar y ayudar a los demás prisioneros, para compartir su sabiduría con el resto.

¿Cómo reaccionarán los prisioneros? Pues se reirán de él, como ignorantes que son, y conformes con su ignorancia, puesto que jamás han conocido otra cosa diferente que las sombras y se hallan cómodos en su entorno cotidiano.

Como hemos visto, para Platón el fin de la educación es conducir a la Verdad (la correcta visión del mundo de las Ideas), al auténtico conocimiento o episteme. En contraposición, los sofistas de su época, ven en la educación un medio para adquirir elocuencia y alcanzar el éxito social, en un proceso en el que el protagonista es el maestro y en el que más que de educar, hablaríamos de instruir (abogan por la simple asimilación de conocimiento). Platón, y también su mentor, Sócrates, veían la educación como un proceso activo en el que el protagonismo recae sobre el alumno y en el que este ha de razonar y esforzarse para conocer la Verdad (para ellos absoluta y universal).

A propósito de los fines de la educación, Platón considera que el filósofo, el sabio, bien educado, debe asumir compromisos con la sociedad, puesto que al haber contemplado las Ideas de Justicia y de Bien, sabrá gobernar bien y justamente su vida y la polis (intelectualismo moral socrático). Así, la educación en Platón, nos conduce directamente a política y a su teoría del filósofo gobernante. Y esto nos lleva a su concepción del Estado Ideal, gobernado, por supuesto, por los filósofos (que poseen las mejores naturalezas –puesto que predomina en su alma la parte racional- y han recibido una educación adecuada, con las matemáticas como preámbulo a la dialéctica, por ser los objetos matemáticos más imperfectos que las Ideas).

¿Qué otras clases sociales encontramos en su propuesta social? Encontramos los guardianes (en ellos predomina la parte irascible del alma y su virtud es la valentía) y los productores (comerciantes, campesinos, obreros, asalariados… en los que predomina la parte apetitiva del alma y cuya virtud es la moderación). Siguiendo el equilibrio que existe en un alma armoniosa y justa (la parte racional domina a las otras dos), es lógico que Platón plantee el mismo equilibrio en la polis: el más sabio es el que debe gobernar.

 

En conclusión, Platón nos explica qué es para él la educación mediante el mito de la caverna: un proceso costoso para llegar a contemplar la Verdad guiado por un buen orientador que dirija al alma al mundo inteligible (ascenso dialéctico). Y entonces, una vez bien aprehendidas las Ideas de Justicia, Belleza y Bien, regresar al mundo sensible (descenso dialéctico, en el mito, el retorno a la caverna) para tratar de imprimir su armonía en el mundo sensible: en la sociedad, gobernándola, y en la propia vida. Así, la educación en Platón, contrapuesta a la concepción de la educación en los sofistas, nos lleva a su propuesta política del filósofo-gobernante y a su teoría de la organización social partiendo del intelectualismo moral socrático (obra bien el que conoce el Bien).

Por último, podemos preguntarnos: ¿no sería mejor nuestra sociedad si tratáramos, como Platón, de aplicar el intelectualismo moral socrático en política?

4/ Parménides y Platón

Platón aceptará de Parménides de Elea la oposición entre el conocimiento engañoso procedente de los sentidos y el conocimiento verdadero que ofrece la razón, entre apariencia sensible y realidad auténtica. Así, la vía de opinión y de la verdad en Parménides son un antecedente de la distinción platónica entre conocimiento científico y opinión. Además, las Ideas son eternas e inmutables, como el Ser de Parménides; y ambos tienen una concepción absolutista de la Verdad.