jueves, 20 de agosto de 2020

FILO EXAMEN JUNIO 2013 PLATÓN

FILO EXAMEN JUNIO 2013 PLATÓN 

CUESTIONES:

1. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor.

A continuación comentaremos un fragmento del Libro VI de la obra ‘La República’ de Platón. En el texto el autor nos habla de la Idea del Bien (tema) y de que su función es semejante a la del Sol del mundo sensible (tesis).

A través de una estructura argumentativa, Platón se pregunta: ¿cuál es la función del Bien? ¿Está el Bien por encima de la verdad y del conocimiento?

Al comienzo explica que es la Idea del Bien la que proporciona la autenticidad a los objetos del conocimiento (línea 1), es decir, a las Ideas; así como brinda la facultad cognoscitiva al que conoce (primer argumento), por lo que tiene una función epistemológica. Por eso debemos concebir al Bien como objeto único, el medio por excelencia y el fin último del conocimiento (segundo argumento).

De este modo, el Bien es causa de la ciencia y de la verdad (línea 3); por lo que estaremos en lo cierto al considerar al Bien como otra cosa distinta y más hermosa que ellas (línea 5, tercer argumento).

En la conclusión (l.5-10), Platón se vale de una comparación entre el Sol en el mundo sensible y la Idea del Bien: hay una relación asociativa entre Sol, visión y luz; pero siendo el Sol causa de la visión y de la luz, sería incorrecto afirmar que son lo mismo. De esta misma manera, verdad y conocimiento son semejantes al Bien (línea 8), pero sería un error identificarlos con la Idea de Bien, a cuya naturaleza se le debe una consideración mucho mayor (líneas 9 y 10). Esto es: la Idea de Bien está por encima, es superior a la verdad y al conocimiento.

2. Define el término ‘idea del bien’, partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor.

La Idea del Bien aparece nombrada por primera vez en la línea 2, y es definida como aquello que proporciona la verdad, la esencia a los objetos del conocimiento –las Ideas- (función ontológica) y la facultad cognoscitiva al sujeto que aprende (función epistemológica). Esta Idea es el fin del conocimiento y es causa de este y de la verdad, por lo que es distinto y más perfecto que estos, motivo por el cual se le debe una mayor consideración.

La Idea de Bien es la Idea suprema, que gobierna el mundo de las Ideas. Platón la compara con el Sol, ya que al igual que este en la realidad sensible, posibilita la existencia y la visión de cuanto hay en su mundo. Por eso conociendo la Idea de Bien, puedo contemplar el resto de Ideas y alcanzar un conocimiento global.

Por otro lado, la Idea de Bien tiene una función práctica en los campos de la ética y en el de la política. Si se posee el conocimiento de esta Idea, serán mayores el criterio y la capacidad para orientar un Estado o la propia vida rectamente, de manera adecuada.

Además, la Idea de Bien es un principio unificador de las Ideas del mundo inteligible, y estas, lo son a su vez del mundo sensible. También es la causa de orden de todo el cosmos, tanto inteligible como sensible. Todo tiende a asemejarse a la Idea de Bien, ya que las Ideas la imitan de modo perfecto –en el cosmos inteligible- y el cosmos sensible la imita de modo indirecto, al copiar de manera imperfecta a las Ideas.

3. Redacción: la teoría de las Ideas.

¿Existe una realidad oculta a los sentidos? Y si existiera esa realidad inmaterial, ¿es posible que lo que encontremos en ella sea más real que aquello que percibimos con nuestra propia vista en la realidad visible? En caso afirmativo, ¿por qué? A continuación se responderán a estas preguntas a través de la teoría de las Ideas de Platón. Primero se hablará de lo que él llama mundo inteligible y después del sensible y de la relación entre ambas esferas.

 

Platón afirma la existencia de dos realidades: el mundo inteligible y el sensible. Del primero podemos obtener conocimiento real (episteme), pero del segundo solo opinión (doxa). Defiende  así un dualismo ontológico y epistemológico.

El mundo inteligible al que acabamos de referirnos es el mundo de las Ideas, el mundo de la autenticidad, de lo estable, de lo permanente. Las Ideas que lo habitan son realidades inteligibles   –accesibles solo a la inteligencia y ocultas a los sentidos- que tienen una función fundamental: son el principio unificador de la multiplicidad de cosas sensibles. Por ejemplo: encontramos muchísimas cosas bellas, que existen porque imitan cada una a su modo la misma y única Idea de Belleza. Vemos de este modo que lo sensible depende ontológicamente de las Ideas, las cuales constituyen su esencia (‘aquello que es’, lo que no cambia jamás).

Las Ideas del mundo inteligible son más reales que cualquier cosa que podamos percibir con los sentidos en el mundo físico. Esto es así porque en contraposición a lo sensible, las Ideas no están sometidas al devenir –son inmutables, inalterables-, no nacen ni perecen –son ingénitas, eternas, trascendentes-; son perfectas.

Como ya hemos dicho, las Ideas son inteligibles. Conocerlas significa obtener conocimiento verdadero (episteme). Platón nos explica mediante su teoría de la reminiscencia que el alma ya posee nociones innatas de las Ideas, porque las ha contemplado; lo que ocurre es que al reencarnarse en otro cuerpo, dichas nociones se tornan confusas, y para que se aclaren se necesita de un buen educador que nos oriente a la contemplación de las Ideas. Por eso, para Platón, aprender es recordar.

Ahora bien, ¿de qué cosas hay Ideas? ¿Son todas ellas iguales?

Existen Ideas de todos los valores éticos y estéticos, de los objetos fabricados, de todos los seres vivos e inertes. Pero no existen Ideas de valores bajos o cosas imperfectas como la fealdad. Así, justificamos la existencia de cosas feas en el mundo sensible por carencia de Belleza en sí o por copiar de modo deformado a la Idea de Belleza. Esto es aplicable a todas las cosas imperfectas que podamos observar.

Tampoco hay Idea de verdad, ya que esta es la visión correcta de la realidad, es decir: la visión correcta de las Ideas.

Con respecto a la segunda pregunta previamente formulada: no, no todas las Ideas son iguales, pues hay una Idea suprema. Es la Idea de Bien, que gobierna el mundo de las Ideas. Platón la compara con el Sol (‘República’, Libro VI), ya que tiene la misma función que este en el mundo sensible: la Idea de Bien da luz, alumbra a las demás Ideas; y al igual que el astro, hace posible la existencia de cuanto hay en su mundo, ya que es la esencia de todas las Ideas, que causa su perfección y existencia. Las Ideas son lo que son porque participan de la Idea de Bien, dependen de ella ontológicamente.

Además, el Bien tiene una función práctica, en el campo de la política y el de la ética, ya que quien la conozca será capaz de gobernar tanto un Estado como su propia vida de manera correcta.

El Bien es el principio unificador de la pluralidad de Ideas, y estas lo son a su vez de la multiplicidad sensible.  El Bien es el modelo último al que todo cosmos apunta. El cosmos inteligible lo imita de forma perfecta y el sensible lo copia (de modo indirecto, copiando a las Ideas) de modo imperfecto.

¿Hay solo Ideas en el mundo inteligible? No, pues hay también entes matemáticos, que son perfectos e ideales, pero ontológicamente inferiores a las Ideas. De ellos no podemos obtener episteme, sino dianoia (pensamiento deductivo), pues las matemáticas parten de hipótesis que no cuestionan, y a partir de ellas elaboran las deducciones matemáticas; y además, toman como herramientas objetos imperfectos del mundo sensible (por ejemplo: el dibujo de un círculo que imita al círculo perfecto inteligible). Las matemáticas son fundamentales porque preparan la mente para la contemplación de las Ideas.

Así, Platón divide el mundo inteligible en: Ideas o inteligibles superiores y entes matemáticos o inteligibles inferiores.

En cuanto a nuestro mundo sensible, es el mundo del devenir, de la inestabilidad, de las apariencias, de lo múltiple, de lo impermanente… Es un nivel de realidad inferior.

Las cosas de este mundo son percibidas por los sentidos, no por la inteligencia y están sometidas al cambio –están dejando de ser algo para convertirse en otra cosa que aún no son-, por lo que de ellas no podemos obtener conocimiento real, tan solo opinión (doxa). Este devenir está a medio camino entre lo estable –de lo que obtenemos verdadero conocimiento- y la nada –ante lo que solo cabe la ignorancia-.

Sin embargo, las opiniones verdaderas no dejan de ser cierto tipo de saber, pues al constituir las Ideas la esencia de lo sensible, las opiniones nos acercan al mundo inteligible. Y si por ejemplo, conocemos la Idea de Justicia, nuestras opiniones en el mundo sensible sobre las cosas justas serían más válidas.

Por otra parte, también este mundo está subdividido: no solo existen los seres y objetos naturales o artificiales de los que obtenemos opinión, sino que en este mundo tienen cabida también sus sombras, que los copian, los imitan. Son meras apariencias; lo que Platón llama imágenes, que corresponden a un grado de saber más oscuro, inferior a la opinión: la imaginación.

Y esta realidad sensible, ¿de dónde procede?

Platón respondería valiéndose de este mito: una inteligencia suprema –el Demiurgo- que utilizó como modelo el mundo perfecto de las Ideas para crear el nuestro. Su intención era hacer lo más bello e ideal, por eso utilizó ese modelo. No obstante, la materia en la que plasmó el modelo era caótica, móvil y amorfa. Esa materia sería, entonces, la causa de la imperfección de nuestro mundo.

Así Platón explica la existencia de nuestro mundo como un plan racional e inteligente. Gracias al mundo inteligible, el nuestro posee cierta consistencia ontológica y es parcialmente cognoscible.

 

En conclusión, Platón defiende un dualismo ontológico y epistemológico que se da entre el mundo inteligible (del que podemos obtener verdadero conocimiento o episteme) y el  mundo sensible (del que solo obtenemos opinión o doxa). El primero se divide en Ideas o inteligibles superiores, y en objetos matemáticos o inteligibles inferiores. El segundo es el mundo de las apariencias, del devenir, compuesto por las múltiples cosas sensibles, cuya esencia son las Ideas –inmutables, ingénitas, imperecederas, perfectas-. En la cima de la jerarquía de Ideas está la Idea de Bien, que posibilita la existencia, perfección y visión del resto de Ideas.

Con este dualismo que hemos visto, Platón no pretendía reflejar un sentido teleológico. Y, sin embargo, parece que la abrió las puertas al cristianismo. ¿Qué diría si supiera de las interpretaciones religiosas que hizo Agustín de Hipona –en la Edad Media- de sus teorías?

4. Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del autor del texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por su relación con otros filósofos, con los hechos históricos relevantes (especialmente si son coetáneos del autor o tienen relación con su vida) o con rasgos significativos del mundo contemporáneo.

A continuación pondremos en relación la teoría del filósofo-gobernante de Platón con la política actual, llegando a la conclusión de que hoy en día, no se cumple.

Platón nos propone esta teoría aplicando a la política el intelectualismo moral socrático. Su planteamiento es el siguiente: nadie que sepa qué es la Justicia en sí, obra mal a sabiendas. Por tanto, el futuro filósofo-gobernante, debe ser una persona que con esfuerzo, haya logrado conocer la Idea de Justicia. De este modo, sus criterios para discernir qué es justo y qué no, serían válidos; y estaría preparado para conducir rectamente tanto un Estado como su propia vida, subordinando la ética a la política.

En contraste con esta idílica forma de gobernar, encontramos el presente. Los políticos actuales se acercan más a la idea que Platón tenía sobre los sofistas –embaucadores, elocuentes, grandes artistas de la oratoria, personas en busca de éxito y poder, etc.-, a los que tanto criticaba; por lo que podríamos decir que estaría descontento con la política actual, porque no se encontraría con filósofos-gobernantes ni con un Estado en el que la ética se tenga siempre en cuenta–pues lo que reina hoy es la búsqueda de poder y el individualismo-. Nuestros políticos no van en busca de la esencia de la Justicia y pueden llegar a gobernar sin haberla aprehendido. ¿Para qué molestarse en aprehenderla, si resulta que, al fin y al cabo, gobernar con Justicia no es un requisito para ser político?

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