FILO EXAMEN JUNIO 2013 PLATÓN
CUESTIONES:
1. Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la
estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor.
A continuación comentaremos un
fragmento del Libro VI de la obra ‘La República’ de Platón. En el texto el
autor nos habla de la Idea del Bien (tema) y de que su función es semejante a
la del Sol del mundo sensible (tesis).
A través de una estructura
argumentativa, Platón se pregunta: ¿cuál es la función del Bien? ¿Está el Bien
por encima de la verdad y del conocimiento?
Al comienzo explica que es la
Idea del Bien la que proporciona la autenticidad a los objetos del conocimiento
(línea 1), es decir, a las Ideas; así como brinda la facultad cognoscitiva al
que conoce (primer argumento), por lo que tiene una función epistemológica. Por
eso debemos concebir al Bien como objeto único, el medio por excelencia y el
fin último del conocimiento (segundo argumento).
De este modo, el Bien es causa de
la ciencia y de la verdad (línea 3); por lo que estaremos en lo cierto al
considerar al Bien como otra cosa distinta y más hermosa que ellas (línea 5,
tercer argumento).
En la conclusión (l.5-10), Platón
se vale de una comparación entre el Sol en el mundo sensible y la Idea del
Bien: hay una relación asociativa entre Sol, visión y luz; pero siendo el Sol
causa de la visión y de la luz, sería incorrecto afirmar que son lo mismo. De
esta misma manera, verdad y conocimiento son semejantes al Bien (línea 8), pero
sería un error identificarlos con la Idea de Bien, a cuya naturaleza se le debe
una consideración mucho mayor (líneas 9 y 10). Esto es: la Idea de Bien está
por encima, es superior a la verdad y al conocimiento.
2. Define el término ‘idea del bien’, partiendo de la
información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas
de la filosofía del autor.
La Idea del Bien aparece nombrada
por primera vez en la línea 2, y es definida como aquello que proporciona la verdad,
la esencia a los objetos del conocimiento –las Ideas- (función ontológica) y la
facultad cognoscitiva al sujeto que aprende (función epistemológica). Esta Idea
es el fin del conocimiento y es causa de este y de la verdad, por lo que es
distinto y más perfecto que estos, motivo por el cual se le debe una mayor
consideración.
La Idea de Bien es la Idea
suprema, que gobierna el mundo de las Ideas. Platón la compara con el Sol, ya
que al igual que este en la realidad sensible, posibilita la existencia y la
visión de cuanto hay en su mundo. Por eso conociendo la Idea de Bien, puedo
contemplar el resto de Ideas y alcanzar un conocimiento global.
Por otro lado, la Idea de Bien
tiene una función práctica en los campos de la ética y en el de la política. Si
se posee el conocimiento de esta Idea, serán mayores el criterio y la capacidad
para orientar un Estado o la propia vida rectamente, de manera adecuada.
Además, la Idea de Bien es un
principio unificador de las Ideas del mundo inteligible, y estas, lo son a su
vez del mundo sensible. También es la causa de orden de todo el cosmos, tanto
inteligible como sensible. Todo tiende a asemejarse a la Idea de Bien, ya que
las Ideas la imitan de modo perfecto –en el cosmos inteligible- y el cosmos
sensible la imita de modo indirecto, al copiar de manera imperfecta a las
Ideas.
3. Redacción: la teoría de las Ideas.
¿Existe una realidad oculta a los
sentidos? Y si existiera esa realidad inmaterial, ¿es posible que lo que
encontremos en ella sea más real que aquello que percibimos con nuestra propia
vista en la realidad visible? En caso afirmativo, ¿por qué? A continuación se
responderán a estas preguntas a través de la teoría de las Ideas de Platón.
Primero se hablará de lo que él llama mundo inteligible y después del sensible
y de la relación entre ambas esferas.
Platón afirma la existencia de
dos realidades: el mundo inteligible y el sensible. Del primero podemos obtener
conocimiento real (episteme), pero del segundo solo opinión (doxa).
Defiende así un dualismo ontológico y
epistemológico.
El mundo inteligible al que
acabamos de referirnos es el mundo de las Ideas, el mundo de la autenticidad,
de lo estable, de lo permanente. Las Ideas que lo habitan son realidades
inteligibles –accesibles solo a la
inteligencia y ocultas a los sentidos- que tienen una función fundamental: son
el principio unificador de la multiplicidad de cosas sensibles. Por ejemplo:
encontramos muchísimas cosas bellas, que existen porque imitan cada una a su
modo la misma y única Idea de Belleza. Vemos de este modo que lo sensible depende
ontológicamente de las Ideas, las cuales constituyen su esencia (‘aquello que
es’, lo que no cambia jamás).
Las Ideas del mundo inteligible
son más reales que cualquier cosa que podamos percibir con los sentidos en el
mundo físico. Esto es así porque en contraposición a lo sensible, las Ideas no
están sometidas al devenir –son inmutables, inalterables-, no nacen ni perecen
–son ingénitas, eternas, trascendentes-; son perfectas.
Como ya hemos dicho, las Ideas
son inteligibles. Conocerlas significa obtener conocimiento verdadero
(episteme). Platón nos explica mediante su teoría de la reminiscencia que el
alma ya posee nociones innatas de las Ideas, porque las ha contemplado; lo que
ocurre es que al reencarnarse en otro cuerpo, dichas nociones se tornan
confusas, y para que se aclaren se necesita de un buen educador que nos oriente
a la contemplación de las Ideas. Por eso, para Platón, aprender es recordar.
Ahora bien, ¿de qué cosas hay
Ideas? ¿Son todas ellas iguales?
Existen Ideas de todos los
valores éticos y estéticos, de los objetos fabricados, de todos los seres vivos
e inertes. Pero no existen Ideas de valores bajos o cosas imperfectas como la
fealdad. Así, justificamos la existencia de cosas feas en el mundo sensible por
carencia de Belleza en sí o por copiar de modo deformado a la Idea de Belleza.
Esto es aplicable a todas las cosas imperfectas que podamos observar.
Tampoco hay Idea de verdad, ya
que esta es la visión correcta de la realidad, es decir: la visión correcta de
las Ideas.
Con respecto a la segunda
pregunta previamente formulada: no, no todas las Ideas son iguales, pues hay
una Idea suprema. Es la Idea de Bien, que gobierna el mundo de las Ideas.
Platón la compara con el Sol (‘República’, Libro VI), ya que tiene la misma
función que este en el mundo sensible: la Idea de Bien da luz, alumbra a las
demás Ideas; y al igual que el astro, hace posible la existencia de cuanto hay
en su mundo, ya que es la esencia de todas las Ideas, que causa su perfección y
existencia. Las Ideas son lo que son porque participan de la Idea de Bien,
dependen de ella ontológicamente.
Además, el Bien tiene una función
práctica, en el campo de la política y el de la ética, ya que quien la conozca
será capaz de gobernar tanto un Estado como su propia vida de manera correcta.
El Bien es el principio
unificador de la pluralidad de Ideas, y estas lo son a su vez de la
multiplicidad sensible. El Bien es el
modelo último al que todo cosmos apunta. El cosmos inteligible lo imita de
forma perfecta y el sensible lo copia (de modo indirecto, copiando a las Ideas)
de modo imperfecto.
¿Hay solo Ideas en el mundo
inteligible? No, pues hay también entes matemáticos, que son perfectos e
ideales, pero ontológicamente inferiores a las Ideas. De ellos no podemos
obtener episteme, sino dianoia (pensamiento deductivo), pues las matemáticas
parten de hipótesis que no cuestionan, y a partir de ellas elaboran las
deducciones matemáticas; y además, toman como herramientas objetos imperfectos
del mundo sensible (por ejemplo: el dibujo de un círculo que imita al círculo
perfecto inteligible). Las matemáticas son fundamentales porque preparan la
mente para la contemplación de las Ideas.
Así, Platón divide el mundo
inteligible en: Ideas o inteligibles superiores y entes matemáticos o
inteligibles inferiores.
En cuanto a nuestro mundo
sensible, es el mundo del devenir, de la inestabilidad, de las apariencias, de
lo múltiple, de lo impermanente… Es un nivel de realidad inferior.
Las cosas de este mundo son
percibidas por los sentidos, no por la inteligencia y están sometidas al cambio
–están dejando de ser algo para convertirse en otra cosa que aún no son-, por
lo que de ellas no podemos obtener conocimiento real, tan solo opinión (doxa).
Este devenir está a medio camino entre lo estable –de lo que obtenemos
verdadero conocimiento- y la nada –ante lo que solo cabe la ignorancia-.
Sin embargo, las opiniones
verdaderas no dejan de ser cierto tipo de saber, pues al constituir las Ideas
la esencia de lo sensible, las opiniones nos acercan al mundo inteligible. Y si
por ejemplo, conocemos la Idea de Justicia, nuestras opiniones en el mundo
sensible sobre las cosas justas serían más válidas.
Por otra parte, también este
mundo está subdividido: no solo existen los seres y objetos naturales o
artificiales de los que obtenemos opinión, sino que en este mundo tienen cabida
también sus sombras, que los copian, los imitan. Son meras apariencias; lo que
Platón llama imágenes, que corresponden a un grado de saber más oscuro,
inferior a la opinión: la imaginación.
Y esta realidad sensible, ¿de
dónde procede?
Platón respondería valiéndose de
este mito: una inteligencia suprema –el Demiurgo- que utilizó como modelo el
mundo perfecto de las Ideas para crear el nuestro. Su intención era hacer lo
más bello e ideal, por eso utilizó ese modelo. No obstante, la materia en la que
plasmó el modelo era caótica, móvil y amorfa. Esa materia sería, entonces, la
causa de la imperfección de nuestro mundo.
Así Platón explica la existencia
de nuestro mundo como un plan racional e inteligente. Gracias al mundo
inteligible, el nuestro posee cierta consistencia ontológica y es parcialmente
cognoscible.
En conclusión, Platón defiende un
dualismo ontológico y epistemológico que se da entre el mundo inteligible (del
que podemos obtener verdadero conocimiento o episteme) y el mundo sensible (del que solo obtenemos
opinión o doxa). El primero se divide en Ideas o inteligibles superiores, y en objetos
matemáticos o inteligibles inferiores. El segundo es el mundo de las
apariencias, del devenir, compuesto por las múltiples cosas sensibles, cuya
esencia son las Ideas –inmutables, ingénitas, imperecederas, perfectas-. En la
cima de la jerarquía de Ideas está la Idea de Bien, que posibilita la
existencia, perfección y visión del resto de Ideas.
Con este dualismo que hemos
visto, Platón no pretendía reflejar un sentido teleológico. Y, sin embargo,
parece que la abrió las puertas al cristianismo. ¿Qué diría si supiera de las
interpretaciones religiosas que hizo Agustín de Hipona –en la Edad Media- de
sus teorías?
4. Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del
autor del texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por su
relación con otros filósofos, con los hechos históricos relevantes
(especialmente si son coetáneos del autor o tienen relación con su vida) o con
rasgos significativos del mundo contemporáneo.
A continuación pondremos en
relación la teoría del filósofo-gobernante de Platón con la política actual,
llegando a la conclusión de que hoy en día, no se cumple.
Platón nos propone esta teoría
aplicando a la política el intelectualismo moral socrático. Su planteamiento es
el siguiente: nadie que sepa qué es la Justicia en sí, obra mal a sabiendas.
Por tanto, el futuro filósofo-gobernante, debe ser una persona que con
esfuerzo, haya logrado conocer la Idea de Justicia. De este modo, sus criterios
para discernir qué es justo y qué no, serían válidos; y estaría preparado para
conducir rectamente tanto un Estado como su propia vida, subordinando la ética
a la política.
En contraste con esta idílica
forma de gobernar, encontramos el presente. Los políticos actuales se acercan
más a la idea que Platón tenía sobre los sofistas –embaucadores, elocuentes,
grandes artistas de la oratoria, personas en busca de éxito y poder, etc.-, a
los que tanto criticaba; por lo que podríamos decir que estaría descontento con
la política actual, porque no se encontraría con filósofos-gobernantes ni con
un Estado en el que la ética se tenga siempre en cuenta–pues lo que reina hoy
es la búsqueda de poder y el individualismo-. Nuestros políticos no van en busca
de la esencia de la Justicia y pueden llegar a gobernar sin haberla
aprehendido. ¿Para qué molestarse en aprehenderla, si resulta que, al fin y al
cabo, gobernar con Justicia no es un requisito para ser político?
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